Los Secretarios tienen la palabra

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Todo país requiere de que su gobierno cuente con personas capaces que cuiden los recursos con que cuenta el propio gobierno, pero al mismo tiempo también cuiden los del país. En México, para ello tenemos Secretarios de Estado, pero ahora parece que sólo existen el de Hacienda y el de Gobernación. Sin embargo, todos los Secretarios están obligados a hacer su mejor esfuerzo para que tanto el gobierno como el país entero florezcan en tiempos de bonanza, y puedan salir avante en los difíciles.

Si el Secretario de Hacienda cuida sólo los ingresos que recauda para que el gobierno opere sin pensar en los efectos causados a la población, hace sólo la mitad de la tarea. Está claro que el que el gobierno esté en bonanza no necesariamente significa que la población también lo esté y tenga oportunidades de desarrollo. Un país rico podría darse el lujo de tener un gobierno que inclusive dilapide, pero un país pobre como el nuestro no puede aceptar que su gobierno consuma recursos para viajar y lucirse, en vez de dedicarlos a fomentar la economía nacional.

En los poco más de dos años que han transcurrido desde que asumió este gobierno se han incrementado las tasas de impuestos al tiempo que el crecimiento de la economía se ha ido desacelerando. Del poco más del 3% anual que México creció en la década pasada, hemos visto un crecimiento del 1.1 % en 2013 y de 1.3 % en 2014 mientras la población sigue aumentando al ritmo de 2.1 anual. La mayor recaudación se ha visto acompañada de la atonía económica del país en el mejor de los casos, aunque hay quien hable ya del principio de una recesión.

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Las buenas noticias que inundan los medios de comunicación y que son realidad incontrovertible, como que el gobierno ha llegado a superar todos los niveles de recaudación anteriores, deben mantenerse. Pero hay otras que son sólo verdades reveladas a medias, como que el empleo aumentó en 744 mil personas en 2014, pues se omite que México requiere al menos un millón de puestos de trabajo nuevos cada año. Hace falta divulgar los éxitos reales, sin aparentar que estamos en situación mejor omitiendo datos o comparando un sólo trimestre.

Es agradable recibir buenas noticias diariamente, siempre y cuando sean reales y muestren una tendencia positiva. Mensajes como nos inundó el gobierno cuando la Reforma Energética vuelven ahora como boomerang contra quien los aprobó. Después de la caída del precio del petróleo, la gasolina en México cuesta casi el doble que en Estados Unidos y la tarifa eléctrica está prácticamente igual. Nadie percibe aún beneficios de la Reforma, que seguro más adelante, en algunos años más, se verán.

¿Por qué en el gobierno no pensó en los mexicanos cuando cayeron los precios del petróleo? La Secretaría de Hacienda reaccionó anunciando la reducción del gasto público y el incremento de los precios de venta de los combustibles de PEMEX, entre otros productos. Pero lo más grave fue que otras, como la de Economía o la de Agricultura guardaron silencio en vez de proponer medidas para que la planta productiva -desde sencillos campesinos y PYMES hasta las grandes empresas- pudieran contribuir a que sus productos llegaran al público a menores precios.

Ya sabemos que la Secretaría de Hacienda sólo actúa en defensa del gobierno, no de los mexicanos. Si cuando el precio del petróleo subió en el mercado internacional, las gasolinas vendidas en México también subieron de precio, ¿Por qué no bajan de precio ahora que el crudo bajó?

El gobierno es mucho más que la Secretaría de Hacienda, por lo que hace falta ver que ofrecen a los mexicanos el resto de las Secretarías.

Ahora que estamos nuevamente ante una devaluación (la paridad con el dólar pasó de 14.69 a 15.55 en dos meses), es el turno de las otras Secretarías de Estado de dar opciones para que los mexicanos resultemos afectados al mínimo, y de ser posible nos beneficie la nueva paridad. Que no se dispare la espiral inflacionaria, y se fomenten empleos, tanto de productos de exportación como para consumo interno.

Que esta leve devaluación sea un acicate para mejorar productividad en vez de ser el principio del camino destructivo en el pasado (1976, 1982, 1987, 1994). Todas las Secretarías tienen la palabra.


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