Los derechos humanos y algunas frivolidades

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Una de las aportaciones del Imperio Romano al mundo moderno occidental fue precisamente el Derecho Romano. Fue con Julio César Agrícola, entre otros, que se mantuvo la tradición en esta materia en Inglaterra y sus colonias. No entenderíamos a Mahatma Gandhi, si no hubiera estudiado en Londres. Derrotó al Imperio Británico con sus propias reglas, los derechos civiles.

No fue la excepción en Iberoamérica. En México, por ejemplo, existieron, primero vía testamento de la Reina Isabel la Católica, su deseo póstumo en la defensa de los nativos de estas tierras. No olvidemos tampoco las famosas Leyes de Indias, emitidas en época del Emperador Carlos V y derivados del expreso deseo de su abuela. Sin olvidar el papel del bajo clero en hacerlas cumplir.

A raíz de la Revolución Francesa y con la Revolución Industrial, se alcanzaron otros derechos, como el de los trabajadores. Si bien se reconoce su importancia, el autor no está en contra de ellos, se puede decir que han traído externalidades, ya que han incrementado el costo de contratación, empleo y despido del empleo. Empero se reconoce y se acepta su importancia como algo positivo.

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Sin embargo, como sociedad, incurrimos en un grave error por ignorancia o poca educación cívica. Existe un principio legal que dice que, “A cada derecho le corresponde una obligación”. Por ejemplo, cualquier ciudadano tiene el derecho de votar pero también es su obligación acudir a votar. Lamentablemente, la gente demanda sus derechos pero no quieren cumplir con sus obligaciones.

Claro ejemplo es el de los conductores de cualquier vehículo; sea un automóvil, una motocicleta o hasta una bicicleta; tienen el derecho a su uso, sin embargo deben respetar su reglamento, sus señalizaciones, las zonas peatonales y las direcciones de las calles. Esto no exime a otros grupos como la comunidad lésbico-gay y otros de sus sectores aliados.

Éstos tienen el derecho a manifestarse en su famoso día del “orgullo gay” haciendo todo tipo de exhibicionismo y desmanes que podrían estar por demás. Sin embargo, al momento de que otros grupos exigen de forma pacífica sus derechos relacionados a la educación de sus hijos, los derechos de los niños a tener un padre o una madre, se muestran intolerantes e irrespetuosos.

Adjetivos como “homofóbico”, “intolerante”, “reaccionario”, “fascista”, vienen dentro de sus argumentos al atacar y ofender a las personas que pelean por sus legítimos derechos a fin de que ellos y sus hijos tengan un mejor nivel de vida, vivan en una sociedad mejor donde la mentira, la manipulación y el maniqueísmo sean abatidos por el bien común.

Nadie se opone a las sociedades de convivencia de la comunidad lésbico-gay y sus demás aliados, tampoco a que tengan su día del “orgullo gay” aunque ayudaría a que se obligaran a evitar ciertos exhibicionismos y desmanes que más que orgullo provocan pena ajena en los demás. Pero también deben de respetar, entender y ser tolerantes con los derechos que exigen los demás.

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