Las revelaciones provechosas

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La Revolución Cultural desatada por Mao en junio de 1966 tuvo la finalidad de corregir las condiciones nefastas en que había caído el movimiento popular de Mao que en 1949 estableció un estado comunista según el modelo soviético ruso. A pocos años de andar, el severo sistema se alejaba de sus exigentes fundamentos para desviarse hacia metas de poder personal. Había que salvar a la revolución. Para Mao solo una acción fulminante y despiadada extirparía la corrupción que se generalizaba por culpa de los traidores que se había adueñado del poder que deshacía lo logrado.

La Revolución Cultural que Mao desató se extendió a millones de juventudes violentas que se lanzaron a las calles y plazas incendiando y destruyendo, edificios, monumentos y templos, contra todo lo que representara la cultura antigua y burguesa que había que aniquilar.

Más de dos millones de chinos morirían. Después de seis años de devastación la Revolución Cultural logró suprimir a sus perversos enemigos. A sangre y fuego el Gran Timonel mantuvo en el gobierno la firme convicción socialista que, por cierto, al correr de los años, cedería espacios a nuevas fórmulas de progreso adoptando un sistema que amalgama capitalismo confuciano con vocación de hegemonía mundial.

También México cambiaría alejándose de 1910 y convirtiéndose a fórmulas neoliberales. Contra ellas López Obrador, con nostalgia de viejos ensayos socialistas, encabezó un movimiento populista que denunciaba una burguesía extranjerizada que colonizaba a México. El rescate de los valores genuinos del país estaba en la “Cuarta Transformación” que, mal articulada, se topó con una secular tradición libertaria, fuertes intereses de clase media, y todo ello adobado de corrupción.

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Irrumpen ahora los primeros jaqueos del grupo Guacamaya destapando millones de mensajes encriptados revelando comunicaciones secretas de estrategias, luchas contra el narco, espionajes a periodistas y académicos y, sobre violaciones por militares a toda la gama de derechos humanos.

Si el líder-filósofo Mao decidió que solo una acción fulminante y despiadada podía librar a China de la tiranía de la corrupción, AMLO optó por la contención y tolerancia. La estrategia falla. Mao, contaba con un apretado clan de adeptos convencidos que hacían gobierno, AMLO en cambio se rodeó de un grupo voraz sin lealtad alguna, y de comprobada incapacidad. Sin convicción la depuración encalla.

Guacamaya le hace un gran favor a la nación mexicana develando los secretos de SEDENA que no se resuelven con superficialidad mañanera. Será más fácil limpiar el sistema teniendo a la vista los datos en lugar de ir contra ellos a ciegas.

La difusión de los correos electrónicos llega hasta mostrar los lazos de cárteles de la droga con algunos candidatos de Morena de a puestos de elección popular. Más de la mitad del país en poder del narco será la herencia para el siguiente gobierno. Pero AMLO prefiere banalizar la situación.

Fuera de la legalidad o no del jaqueo o del escándalo mediático, lo importante está en los hechos mismos que se denuncian y que a sabiendas han persisten sin control en los cuatro años de la 4 T. La tragedia no es la revelación sino la desatención presidencial y superficialidad mañanera. La verdadera preocupación está en seguir culpando administraciones pasada y sumarse a la distracción que AMLO es experto en provocar.

Nuevamente el balón está el campo de la sociedad. No hay división entre la población que todavía tiene fe ciega en la propuesta utópica de la 4 T y los que rechazan los monólogos presidenciales y denuncian el fracaso creciente de su decisiones en cada uno de los ramas de gobierno. Hay unanimidad en la decepción nacional.

La persistente declaración del presidente de que de ninguna manera cambiará su estrategia ni en materia de violencia, en su falta de apoyo a las actividades productivas pequeñas y medianas, ni en su obsesivo ataque a las instituciones de servicio más necesarias, deja sin esperanza alguna que mejoren los horizontes. La creciente dependencia del generoso subsidio que nos remiten nuestros compatriotas que trabajan en Estados Unidos es una muestra más del declive al que AMLO nos ha sentenciado.

A estas fechas, la única perspectiva optimista está en el voto sensato en 2024 de los más de 90 millones de ciudadanos. En ellos está el cambio de rumbo que urge.


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