Las elecciones y el PAN

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El mal humor social al que se refirió con cierto desdén el Presidente Peña Nieto, tiene mucho que ver con la corrupción.

Los resultados de estas elecciones en que se disputaron prácticamente un tercio de  las gubernaturas del país, fueron por demás sorpresivos contradiciendo los pronósticos de analistas y de los propios partidos basados principalmente en las encuestas, que en su mayoría fallaron poniendo una vez más en entredicho su seriedad y eficacia.

Todavía el domingo por la noche, Manlio Fabio Beltrones aseguraba que el PRI había ganado en 10 estados, pero conforme avanzaban los programas de resultados preliminares, se evidenciaba que la realidad era muy distinta. De las 12 gubernaturas tan sólo ganaron en 5 -eso sin contar la perdida de presidencias municipales y diputaciones- con lo que Beltrones se convirtió en el gran perdedor de la jornada diluyéndose sus aspiraciones presidenciales.

Ni en sus peores momentos el Partido Revolucionario Institucional ha gobernado en menos de la mitad de los estados y a partir de que, como todo indica, se confirmen los resultados, quedará con 15 Gobernadores.

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Tal parece que no quisieron entender que el mal humor social al que se refirió con cierto desdén el Presidente Peña Nieto, tiene mucho que ver con la corrupción, excesos e incapacidad de los políticos para resolver los problemas que aquejan a la gente, siendo que algunos de sus principales exponentes son precisamente los Gobernadores de las entidades en juego, lo que en esta ocasión fue sancionado por la ciudadanía.

Si alguna lección se puede obtener de las pasadas elecciones, es que los votantes ya están respondiendo a los malos gobiernos, y que los aparatos políticos así como el dinero no bastan para definir una elección.

Por el contrario, quien tiene mucho que celebrar es el PAN que rebasó con creces sus más optimistas expectativas al ganar 7 gubernaturas -tres de ellas en alianza con el PRD-, pero ahí está su principal riesgo, caer en el triunfalismo, la autocomplacencia y en la división interna. La primera pregunta que habría que hacerse es si la ciudadanía efectivamente votó a favor del PAN, o lo que se impuso fue un voto de castigo al partido gobernante pues no olvidemos que también perdió en Oaxaca y Sinaloa donde supuestamente gobernaba en alianza con el PRD.

Sin duda los resultados obtenidos pueden colocar a Acción Nacional en la ruta para recuperar la Presidencia de la República, para ello tienen que procesar adecuadamente la victoria y generar un contexto de exigencia a los próximos gobernantes ya que el electorado no otorgó un cheque en blanco y si se repiten casos como el de Guillermo Padrés, seguramente se lo van a cobrar en las urnas. Uno de sus principales aciertos fue denunciar la corrupción y la impunidad e impulsar en el Congreso la creación de un Sistema Nacional Anticorrupción, por lo que está obligado a actuar en consecuencia y con todo rigor en sus propias filas.

Tampoco se debe perder de vista que, de manera natural, Ricardo Anaya se convierte en un serio aspirante a la candidatura presidencial, lo que puede provocar tensiones internas con Margarita Zavala quien ha cimentado una interesante base de apoyo que trasciende las fronteras del partido. En este sentido, es indispensable que de inmediato tiendan puentes de comunicación e inicie un diálogo respetuoso y propositivo para acordar criterios objetivos que permitan definir en unidad quien habrá de abanderarlos en el 2018, pues está demostrado que cuando el PAN se divide, pierde. Hay mucho que festejar, pero es mucho más lo que les falta por construir.


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