La solución somos nosotros (2)

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Cuando los miembros de una comunidad participan en los asuntos de ésta, mejoran las políticas sociales y se presenta una superación de la pobreza. ¿Por qué? Porque permite focalizar objetivamente los recursos destinados a inversión social y distinguir de los de carácter asistencial. Porque facilita la adecuación de la oferta del sector público que es siempre homogénea y no distingue de lo que particularmente demanda la ciudadanía. Porque genera autodesarrollo en las personas y entonces puede ser entendida como una finalidad que debe alcanzarse. Porque consensua opiniones, estrategias y acciones a partir del diálogo directo con los implicados con la realidad que debe resolverse.

Porque la participación se concibe desde esta perspectiva como un factor de modernización de la gestión pública, transforma la relación entre gobernantes y gobernados porque se transita de una cultura de súbditos a una de ciudadanos titulares de derechos. Los gobernados asumen un rol activo, demandante, reivindicativo y crítico, abandonan el de mirones de palo y testigos a distancia, se convierten en protagonistas de su propia historia. Se obligan como parte viva de la comunidad a serlo y obligan al Estado a hacerse cargo de su responsabilidad como tal.

La participación ciudadana concebida en estos términos se vincula con el mejoramiento de la eficiencia del sector público, porque las instituciones públicas se rediseñan en función de los ciudadanos usuarios de los servicios que aquellas prestan. Valores como la solidaridad, el respeto, la inclusión, la reciprocidad y el compromiso, dejan de ser letra muerta. El poder que tiene una comunidad organizada, trabajando hermanada en alcanzar metas previamente consensuadas es dimensión desconocida en nuestro país. Cuando se trata de mejorar la vida de una comunidad este es el camino idóneo: La participación ordenada de sus integrantes. 

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Es a partir de procesos conscientes de organización democrática y participación como se construye el tejido social, porque en ellos la población en general construye espacios de reflexión, sensibilización, concientización, organización y compromiso con el desarrollo integral del municipio en el que vive, y con esto hace posible que su nivel de vida mejore. 

Los gobiernos que no se ocupan de promover espacios de participación con capacidad de decisión a sus habitantes, para la formulación y gestión de desarrollo, lo único que generan es el diseño y ejecución de las deleznables políticas asistencialistas, populistas, paternalistas, típicas del priísmo, con las que han domesticado voluntades y le han robado el derecho a millones de personas de ser autosuficientes y por ende libres. Es un modo mezquino de operar, porque atenta contra la gobernabilidad y responsabilidad de la comunidad para construir su propia historia desde el compromiso personal y la autogestión.  Por décadas han hecho simulacros de participación ciudadana, vía su ejército de lideresas con el que controlan a los habitantes de cada colonia, vía dádiva o amenaza. Sin el mínimo interés de generar desarrollo integral en estas personas, sino todo lo contrario. Ha sido un ultraje sin nombre a su dignidad, un acto absoluto de deshonestidad.

 Participar en los asuntos de la comunidad en nuestro país carece de significado para el grueso de la población, es algo ajeno al quehacer cotidiano, no  nos enseñan a ser parte de, aunque si usted lee el artículo 3ro. constitucional se encuentra con la aspiración implícita, pero es solo letra. Y sin embargo tenemos que darle vida a este interesarse en el espacio del que somos parte sustantiva, tenemos que entenderlo como un deber insoslayable que nos debemos a nosotros mismos. México va a ser un mejor lugar para vivir en la medida en que cada uno de nosotros, desde su trinchera ciudadana, participe en la elaboración, construcción y diseño de las políticas públicas, de ahí la relevancia del trabajo comunitario. Elija usted qué, cómo y dónde quiere hacerlo, pero ya basta de quedarse de brazos cruzados.

Enseñe a sus hijos con el ejemplo. Es indispensable que las nuevas generaciones aprendan a amar a México en los hechos, con alto sentido de responsabilidad. Es una respetuosa solicitud.


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