La libertad no es un valor absoluto

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Por: Iván Jorge Paoli Bolio

No es sólo labor de la Iglesia tomar en cuenta las recomendaciones de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), son asuntos que implican una participación ciudadana responsable de todas las personas de buena fe y, desde luego, que no atañen sólo a los católicos sino a toda la ciudadanía sea cual sea su fe religiosa, siempre respetable. Tan es así que no se puede pasar por alto los miles de mentiras puramente propagandísticas que se han difundido en lo que va del período presidencial, y que deben tomarse en cuenta como un anti-valor ético y moral, y ello va en contra de de cualquier fe religiosa que siempre está, en principio, en contra de la falacia y el engaño y que, por su misma naturaleza busca la verdad con buena fe, que por supuesto existe, no sólo por la fe sino por el más elemental sentido común que desgraciadamente suele ser el menos común de los sentidos. 

El “Relativismo» que cada vez está más presente en la sociedad, y que no tiene nada que ver con las teorías de la Relatividad de Einstein (“Dios no juega a los dados con el Universo”), aunque a algunos ignorantes pretendan que sí, y desconfían de la capacidad humana propia para conocer  y eso, en su propia mentalidad, les justifica para hacer cualquier cosa, es uno de los males que no sólo limitan la confianza propia en que sí se puede conocer objetivamente (lo que no quiere decir absolutamente pero sí con objetividad), sino que a algunos los lleva a pensar en la libertad como un valor que no tiene límites, en una especie de valor absoluto, lo que sería una especie de verdad menos que a medias, lleva a la pretensión de justificar lo que sea para evitar la responsabilidad personal y para con los demás, y eso nos lleva al absurdo social y político que estamos viviendo. 

La educación, en ese tipo de cuestiones, ha sido muy pobre y casi sin ninguna responsabilidad no sólo por parte de los “maestros”, sean del signo ideológico que sean, sino también de los padres de familia que muchas veces se apartan de su propio sentido común por sentirse minimizados ante el dominio de las nuevas tecnologías al alcance y dominio de sus hijos. Hace falta replantear los planes y programas de estudios al respecto y de eso se trataría una reforma educativa de fondo, sin imposiciones ideológicas y dogmáticas de alguna especie, en la medida de lo posible, lo que no impediría la enseñanza religiosa, que en algunos países es pagada por el estado y ofrecida según la profesión de fe religiosa de cada alumno y de su familia.

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En fin, considero que el mensaje de la CEM es muy oportuno para crear conciencia de nuestras responsabilidades cívicas en la actual coyuntura y que nadie debería echar en saco roto.


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