La inversión por excelencia: Educar

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Está fuera de discusión, y una necedad sería dudar de la relevancia que tiene el Magisterio en el desarrollo de una nación: son nada más y nada menos, que los artesanos de hombres.

Son, con su tarea sustantiva, determinantes en el desarrollo de un país. Ser maestro es todo un desafío, es un reto en el día a día, por el impacto social que tiene y más, pero mucho más, cuando se enseña en un contexto de alta vulnerabilidad.

La sola circunstancia de transformar la vida de un alumno que, por la marginación y la pobreza en la que vive, las tiene todas en contra, es una encomienda de gigantes. Nada más póngase en los zapatos del mentor e imagine cuánto tiene que hacer para enseñarle a esa personita asignaturas de cuyos contenidos, en su casa, lo más probable es que sus padres -si es que los tiene- o con quienes vive, no tienen ni la más pálida de idea sobre qué versan y por tanto no existe la posibilidad de que lo apoyen.

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Asimismo, suplir las carencias y o las deficiencias de hábitos, conductas y actitudes que quizá por el entorno en que vive, no se le han enseñado; enseñarle a comunicarse de una manera tal vez muy diferente a la que está acostumbrado a escuchar, darle razones y sembrarle sueños para motivarlo a crecer por dentro, a convencerlo de que es un ser valioso, con dignidad, con talento, con todos los derechos reconocidos a los seres humanos, y a fijarse metas y objetivos a alcanzar para salir adelante, pero sobre todo, a que aprenda a creer en sí mismo y en sus fuerzas interiores. Es una fortuna tener maestros que te lleven de la mano, con generosidad, con paciencia ilimitada, por esa geografía deslumbrante y te enseñen a transitar por ella.

Sopese el tamaño del desafío y también el de la vocación de un profesor que tiene que ser eso y, además, papá o mamá, psicólogo, amigo, y muchas veces hasta paño de lágrimas. Por supuesto estoy hablando de un MAESTRO, no de vándalos sin escrúpulos, a los que la autoridad COBARDE, y tan sinvergüenza como ellos, les paga, aún y cuando han abandonado sus deberes, porque prefiere eso a tener que meterlos en cintura, como se hace con cualquier delincuente.

Eso es lo que está ocurriendo en Oaxaca, Michoacán y Guerrero. La impunidad en todo su apogeo, cobrando sin trabajar, entregándoles plazas por encima de lo dispuesto en la Constitución de la República, solapados por los gobiernos blandengues a los que han puesto de rodillas, dándole en toda la torre a la economía de esas de por si pobrísimas entidades federativas y, lo peor, ultrajando el derecho a la educación de miles de niños.

México es un país con enormes y dolorosas desigualdades, todavía no superamos los retos que la pobreza nos exhibe, todavía hay millones de mexicanos que nada más sobreviven. Cuando me topo con esa realidad lacerante, y no tengo que ir al sur profundo de la República para encontrármela, se me revuelven los dentros y me pregunto de qué están hechos los crápulas gobernantes que roban sin sonrojo alguno dinero público, que se vuelven ricos de la noche a la mañana -ellos y toda su descendencia- , cuando en su triste vida no habían tenido ni en qué caerse muertos, a costa del infortunio de los más necesitados, y además es tanta la perversidad, que los tienen convencidos de que les tocó ser pobres y que deben conformarse con su suerte. Los alimentan con migajas, y de ribete les cobran cuota de “agradecimiento”, consistente en votar por su partido, para que sigan medrando hasta la consumación de los siglos.Vuelvo a la educación. La educación es fundamental para que este País se salve. Luchar contra corriente es agotador, pero no hay alternativa. La reforma educativa tiene que aplicarse como fue concebida. Es urgente, necesario, importante, que sean los mejores maestros los que estén frente a grupo, y los hay, hay mentores excepcionales, casados con su vocación, que se esfuerzan por cumplir a cabalidad con sus deberes, aun y cuando las condiciones en que deben desempeñarse no son las mejores. Esos son los que deben enseñar a los niños y jóvenes de este País. Los líderes sindicales corruptos y las autoridades coludidas para que fracase la aplicación de la reforma educativa, le están robando a México la oportunidad de realizarse como nación, como pueblo integrado a plenitud.

Es esencial reconocer que para atender esta debacle se necesita el esfuerzo sostenido y a largo plazo no solo de profesores y estudiantes, sino de los padres de familia, ellos son los primeros responsables de la educación y formación de sus hijos, aun con todas las limitaciones materiales e intelectuales que puedan llevar a cuestas.

Invertir en educación hace la diferencia entre una nación exitosa en TODOS LOS ÁMBITOS del quehacer humano, y una mediocre, azotada por gobernantes sin escrúpulos que se ayuntan con quienes han hecho de la delincuencia su modus vivendi, en detrimento de cuantos honestamente se esfuerzan y luchan por tener un país en el que quepamos todos, y en el que ser persona en toda la extensión de la palabra, y ser tratado como tal, deje de ser aspiración.

No tienen m… quienes se oponen a esto.


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