¿Justicia a la española?

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“Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”, apuntaba Simone de Beauvoir. En México ya nos acostumbramos a los que abundan en el ámbito político y es que se han vuelto comunes y corrientes. Pasaron al terreno de lo ordinario, la desvergüenza, las raterías, y cuanto es propio de una clase política que se ha vuelto cínica… Y ni tantita pena. 

Que a toda m… -como dice mi amiga Laurita- ser mal funcionario, corrupto o cómplice de corruptos, que te prestes a toda suerte de componendas $$$, que incurras en conductas deleznables y QUE NO TE PASE NADA.

Un airado ciudadano y con razón, con sobrada razón, me mandó por correo electrónico el siguiente comentario: “El día que los partidos políticos, y usted pertenece a uno, acepten que la corrupción brota de sus dentros, es factible que la lucha contra ella empiece a ser exitosa. Los propios partidos debieran llevar ante los tribunales a los rateros que avalan que lleguen a un cargo público, y puestos ahí se dedican a tranzar. Mucha enjundia para señalar la corrupción, mucha palabrería para exigir que se investigue hasta las últimas  consecuencias…¿Por qué no previenen? Son ridículos los mea culpa que llegan cuando la corrupción les salta como pus del absceso, en su propia cara”. 

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La corrupción política en nuestro País es una constante de carácter transversal. Constante porque no se interrumpe, e igual se instala en gobiernos de centro, de izquierda o de derecha, por eso es transversal.  

Los “negocios en lo oscurito”, las transferencias millonarias camufladas con prestanombres y cómplices de la misma ralea -que ni de broma salen de la paga del ínclito- a paraísos fiscales, las propiedades de lujo en el País y en el extranjero, la vida de marajás -que ni en sus más caros sueños hubieran imaginado que iban a poder dársela- a costa de lo robado, del despilfarro. Los viajes al extranjero con toda la parentela y la corte de amigotes, cuando el paseo es de carácter “oficial”, el lavado de dinero embozado en empresas fantasmas… En definitiva, el todo se vale -que “aderezan” con verdades a medias para darles tinta de verdades absolutas- ha hecho de la desfachatez un modelo a seguir y dado cancha libre para que lleguen al poder público toda laya de vividores y sinvergüenzas que se cobijan con la impunidad garantizada.

Hay un listado de gobernantes corruptos…¿y qué? Viendo lo que se han atrevido a hacer, no puedo, NO PUEDO dejar de preguntarme de dónde les sale tanto descaro para hacer cera y pábilo leyes y reglamentos, y tanto desprecio por quienes con sus votos los llevaron al cargo público.

Yo tuve en mis manos los dos decretos apócrifos que se convirtieron en la punta del iceberg para destapar la cloaca de pudrición generada en la administración de Humberto Moreira. Los leí, los conocí, los exhibimos en tribuna los diputados del PAN en la 58 Legislatura…los contrastamos contra los auténticos… y no hubo una sola voz de la mayoría priista que de perdido dijera “a ver… preste acá”. Interpusimos denuncias en la PGR y ante la autoridad local… ¿Y qué? 

Yo no quiero que extraditen al exgobernador y expresidente nacional del PRI, y no soy la única. Prefiero, aunque me apene decirlo, que sean extranjeros quienes lo juzguen, porque en nuestro País, empezando por Coahuila, para la autoridad correspondiente, no hubo un solo elemento para fincarle responsabilidad alguna…¿Qué ha cambiado para presumir que hoy sería distinto? Humberto Moreira pertenece al selecto club de los intocables, al de los que jamás autoridad investigadora les hace cargos y, por ende, imposible que lleguen a la jurisdiccional. Estuve junto con otros panistas coahuilenses, como diputada federal, con el entonces Procurador de la República, el licenciado Jesús Murillo Karam, y le solicitamos información sobre la investigación realizada, nos dijo que nos la haría llegar, con mucho gusto. Jamás sucedió.

Es urgente que la clase política, de todos los colores e ideologías, entienda que ocupar un cargo público no equivale a tener licencia para robar a la población, y enriquecerse a costa de su bienestar, e igual la corte de cómplices que se vuelven ricos al amparo del corrupto. La corrupción y la permisividad gubernamental hacia ella, se estrellan frente a una sociedad bien informada y participativa, en la que la educación tiene un sitial de privilegio. Ese es el desafío que tenemos los mexicanos. ¿Fácil? De ninguna manera, sobre todo por lo que han hecho con la reforma educativa. Ese es el otro desafío. A ver si nos atrevemos.

Hago votos porque se haga justicia, aunque sea a…la española.


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