Inmorales desmemoriados

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En el año 2000 el PRD hundió sin vergüenza sus colmillos a cambio de prebendas

El ingrediente fundamental para un desarrollo urbano ordenado es la certeza jurídica, la dictaminación sin agendas personales, la aprobación o el rechazo de cualquier modificación sin que priven dobles fondos o intenciones políticas, ni proyectos tramposos.

Desafortunadamente el 18 de agosto del año 2000, en el último periodo de la Primera Legislatura, bajo la batuta del entonces presidente de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Martí Batres, hicieron justo lo contrario en la votación del Programa Parcial de Desarrollo Urbano de la zona de Santa Fe, el Programa Parcial de Desarrollo del Centro Histórico y el Programa delegacional de Desarrollo Urbano de Cuauhtémoc.

Ese día, los perredistas camuflados detrás de la mediática polémica de la aprobación de la Ley Robles que despenaliza el aborto, aprovecharon la sombra para hundir sin vergüenza sus colmillos a cambio de prebendas y saciar la voracidad de abusivos desarrolladores, ahí queda de testigo por ejemplo, lo que a la postre se hizo con el Puente de los Poetas.

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Quince años después, los mismos inmorales desmemoriados, Batres y secuaces, ahora sosteniendo la sombrilla de Morena, la mañana del pasado jueves 9, sin rubor alguno, se manifestaron en las escalinatas de la Asamblea Legislativa, en tan extensa como desarticulada y populista arenga exigieron a los asambleístas que no privara la ilegalidad en la votación para modificar más de 40 usos de suelo, la misma que ellos, los ahora experredistas sí perpetraron cuando ocuparon la curul.

En el pleno de sesiones, durante la sesión del Segundo Periodo Extraordinario del Tercer Año de Ejercicio de la VI Legislatura, lo que ocurrió fue el rechazo categórico a la voracidad de los desarrollos inmobiliarios en la capital del país.

Los panistas honramos nuestra tradición legislativa, si un partido tiene autoridad moral es Acción Nacional, porque desde 1997 hemos estado del lado correcto, del lado del no atropello de los capitalinos. Por ello es que votamos en conciencia y con libertad, sin necesidad de que desde las escaleras nos digan lo que tenemos que hacer.

Luego de una sesión de más de 12 horas, se aprobaron sólo seis dictámenes, el trabajo legislativo meticuloso se impuso por  unanimidad contra las inconsistencias e irregularidades de cada caso, pero fundamentalmente rechazamos la coacción y el pretendido amedrentamiento político. Los diputados del blanquiazul no seremos nunca, como dijera Carlos Castillo Peraza “perros acosados”. Votamos en contra de los que quisieron sorprender a la autoridad, y de los que aún sin hacerlo, consideramos que no son viables, ni pertinentes social, urbana y políticamente. Como fue el caso relativo a Sierra Paracaima, en la Miguel Hidalgo.

Mención aparte merece el lamentable incidente del intento del presidente del PRD-DF de dictarle línea a su bancada, insultando y ridiculizando la labor legislativa de los diputados de la mayoría en la ALDF. Hay que reconocer que la coordinación y la mayoría de ese Grupo Parlamentario resistieron el embate con altura y gallardía, pero tampoco hay duda de que la convicción democrática que debe privar entre las dirigencias partidistas y sus grupos parlamentarios es una diferencia fundamental entre los amarillos y el PAN. Los panistas no avasallamos, votamos en conciencia y con libre albedrío, nunca sometidos.


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