¿Amigos de mentiras, enemigos de verdad?

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Está claro que no le conviene al PAN la división en sus filas ni los frentes abiertos.

Entre los antiguos romanos se empleó la palabra foedus para identificar los tratados celebrados con cualquier tribu para asegurar la expansión del imperio. Las tribus firmantes con la poderosa Roma no se convertían por ello en colonias romanas ni sus pobladores recibían la ciudadanía romana. Se trataba de acuerdos mediante los cuales las tribus se comprometían a proporcionar soldados para combatir, cada vez que Roma lo necesitara. Eran dos los elementos sustanciales de esos tratados: una fuerza poderosa (por lo tanto protectora) y una fuerza débil que eventualmente requería protección.

En la actualidad, el pedregoso tránsito democrático de México ha puesto de moda una versión moderna de los foedus: las alianzas o pactos entre partidos políticos para conquistar el poder y hacer gobierno. Se trata, hay que decirlo, de un recurso recurrente y legítimo en las democracias modernas.

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No son pocas las ocasiones en que la ciudadanía ha ido a las urnas a votar por candidatos postulados por partidos en alianza o coalición, si bien esta última palabra proviene de coalitum y de aquí coalescere: reunirse, juntarse.

Este seguramente fue el ánimo que el año pasado condujo a las dirigencias de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (Panal), a pensar en foedus para disputarle la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal al Partido de la Revolución Democrática (PRD), que la conquistó en 1997 con el triunfo electoral de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Por cierto, primer jefe de Gobierno del DF electo por votación.

Incluso en el verano de ese mismo 2013, el periodista Adrián Rueda consignó en las páginas de Excélsior una reunión celebrada en el restaurante Suntory entre el entonces dirigente del PRI en la capital del país, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, y el delegado en Benito Juárez, Jorge Romero, del PAN. El propósito: celebrar una posible alianza en el DF para 2015.

Sin embargo, hace unos días el presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, descartó por completo una alianza con el PRI, el Panal o el PVEM en el DF.

Esta declaración de Gustavo Madero no deja de ser un desafío para el PAN en el Distrito Federal, cuyo único bastión ahora es la delegación Benito Juárez, ya que perdió en 2012 la Miguel Hidalgo a manos del PRD. ¿Qué harán el presidente del PAN en el DF, Mauricio Tabe, y Jorge Romero, jefe delegacional en Benito Juárez, para ganar y conservar bajo la administración del PAN ese importante reducto panista de la capital del país, e inclusive para tratar de reconquistar la delegación Miguel Hidalgo? ¿Será la de 2015 en el DF una contienda entre figuras o entre partidos? ¿A dónde va el PANDF en 2015? ¿Quiénes son los amigos de mentiras y enemigos de verdad?

Está claro que no le conviene al PAN ni la división en sus filas ni los frentes abiertos. El año que viene necesitará de sus mejores mujeres y hombres, de candidatas o candidatos probadamente competidores, porque las estadísticas son inequívocas y los hechos irrefutables: disminuye su presencia en la capital.

Finalmente, en nuestra difícil transición democrática, las coaliciones no sólo funcionan para conquistar el poder. Pueden ser útiles y aun necesarias, llegado el caso, como goznes para asegurar la gobernabilidad, conciliar las divergencias y encauzar las coincidencias por el bien común de todos los mexicanos, siempre con rumbo y claridad de objetivos pues, ya lo decia Henry Kissinger: “Cuando no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará a ningún lado”.


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