Falla el sistema informático: cae la credibilidad del INE

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En la memoria de muchas mexicanas y mexicanos quedó grabada la caída del sistema que cambió la historia de la elección presidencial en 1988. También es indeleble la decisión del IFE en 2006 de ocultar información sobre los resultados del conteo rápido, presentar datos incompletos en el sistema informático y, finalmente, optar por no permitir el recuento voto por voto que despejara dudas ante la diferencia mínima entre los dos principales candidatos a la presidencia. Es inevitable no tener en mente esos hechos que generaron desconfianza.

En 2015, los consejeros del INE se empeñaron en minimizar errores y fallas evidentes, en lugar de aceptar de inmediato que la institución tiene graves problemas con sus sistemas de cómputo y en la forma como se comunican los resultados de las votaciones en todo el país. Si el INE no se da cuenta del daño que ha provocado en la percepción de las y los ciudadanos por su desastre informático, no ha entendido que la confianza no puede ganarse pidiéndoles actos de fe o remitiéndolos a contar manualmente votos cuando los sistemas de cómputo, que nos costaron millones de pesos, no pueden hacerlo bien.

Primer error: Al medio día del domingo 7 de junio, luego de abrirse las casillas para recibir los votos, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, anunciaba en cadena nacional por radio y televisión que existía un avance de “99.95%” de casillas instaladas en el país, aunque en ese momento el Sistema de Información de la Jornada Electoral reportaba un avance muy por debajo de ese porcentaje. La cifra que anunció Córdova era de 128 mil 704 casillas, pero el 10 de junio escribió en El Universal que en total habían sido 148 mil 448. O Córdova confundió accidentalmente o engañó el 7 de junio para aparentar que todo estaba en orden cuando en Oaxaca y Guerrero se quemaban paquetes electorales y se impedía la instalación de cientos de casillas. Se informó de forma imprecisa o, en el mejor de los casos, confusa, vulnerando los principios rectores del INE de certeza y objetividad, así como el derecho a la información que nos garantiza la Constitución a las mexicanas y mexicanos. “Nuestros sistemas están funcionado correctamente para mantenernos informados minuto a minuto sobre cómo evoluciona el despliegue operativo y logístico que el INE ha instrumentado en todo el territorio nacional”, dijo Córdova en cadena nacional. A la luz de los hechos, esto se desmoronó pronto.

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Segundo error: Miércoles 10 de junio por la noche: Horacio Duarte, representante de Morena ante el INE, mostró a Córdova y a todos los presentes en la sesión del Consejo que en los cómputos de la elección había una falla que calificó como grave. Si se elegía ver los resultados por sección electoral, el emblema del Partido del Trabajo aparecía en los resultados del Partido Verde Ecologista de México y viceversa, es decir, que si alguien consultaba esos datos en internet parecía que el PVEM perdería el registro en lugar del PT. El representante del PAN, Francisco Gárate, reaccionó diciendo: “se nos dice que es el único error, ¿sí es el único error, podemos tener esa seguridad absoluta de que es el único error?” No lo era.

Tercer error: En la misma sesión del 10 de junio, los consejeros Enrique Andrade y Benito Nacif informaron que el problema de los emblemas cruzados era sólo en la presentación pública en internet, pero que en la versión de Intranet, acceso restringido a consejeros y partidos, la información era correcta y cada logotipo estaba en su columna. Pero, ¿por qué tener dos versiones, una pública y otra oculta, para dar a conocer la misma información?

Cuarto error: El jueves 11 de junio, en la pantalla gigante de la macro sala de prensa del INE, aparecían como concluidos los cómputos, se reportaba el 100.65% de avance en las actas capturadas por el sistema. ¡El dato a todas luces era incorrecto e imposible de sostener! Además, reportaban 150 mil casillas computadas cuando el mismo sistema informático mostraba que sólo se habían instalado 146 mil (Córdova había publicado que habían sido 148 mil 448). Otra vez, las cifras no coincidían. Lo único que les quedó a los consejeros fue entregar, en conferencia de prensa, copias fotostáticas de las actas que entregan los ciudadanos de las mesas directivas de casilla con los resultados. A la antigüita, para tratar de disipar las dudas generadas por sus propios errores.

Quinto error: Viernes 12 de junio. El periódico La Jornada publicó en primera plana “Provoca el conteo del INE caos en cifras de la elección”, Ese mismo día, los consejeros del INE dieron una conferencia de prensa en la que, por fin, apareció Córdova (en las anteriores sólo habían estado sus colegas). Foro TV de Televisa y Milenio Televisión transmitieron en vivo lo ocurrido. En la pantalla gigante que estaba a un costado de Córdova se mostraba 45% de participación ciudadana, al mismo tiempo que éste declaraba que la participación había sido de 47.5%. Después, el Consejero Ciro Murayama dijo, en esa misma conferencia, que la participación fue de 47.71%. ¡Tres porcentajes distintos! Por fin, ¿a quién le creemos? Córdova reconoció que cometió un error y se plegó a la cifra de Murayama. Era la conferencia de prensa para control de daños, la buena, donde se lavarían la cara de los errores anteriores y volvieron a equivocarse con las cifras. Para rematar, a la única periodista a la que le negaron la palabra para preguntar fue a Claudia Herrera de La Jornada. Tal pareciera que el Consejero Presidente castigaba a quien firmó la nota de ocho columnas que relató el caos en las cifras, como si el error fuera informar los errores y no cometerlos.

Las actas parecen demostrar que los votos se contaron bien por las y los ciudadanos, pero el INE, que administra más de 15 mil millones de pesos al año, se esmeró en sembrar dudas, en autodestruir la credibilidad en los resultados que daban mal una y otra vez. En un país como México, donde la falta de confianza en las instituciones es cada vez mayor y las palabras “fraude” y “caída del sistema” han sido parte de nuestra historia, lo que se necesita es dar certeza a los procesos, aceptar los errores, explicarlos y no ocultarlos o buscar escarmiento a periodistas que los denuncian. Se trata de recuperar la confianza, no de perderla más. En esa ruta, la humildad es mejor que la soberbia. Ha sido un proceso caótico que muestra la incapacidad de conducción del INE. Esta fue sólo una elección para diputados federales, ¿qué nos espera en 2018, cuando el sistema tendrá que computar tres elecciones: la presidencial y las de diputados y senadores? Luego por qué les instalaron afuera del INE una manta gigante que decía: “¿Dónde voto para que se vayan?”


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