Existe un patrón recurrente en el que simpatizantes y figuras asociadas al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) recurren a teorías de sabotaje para explicar incidentes en infraestructuras clave, con el aparente objetivo de resguardar la imagen del gobierno federal. Este fenómeno se ha manifestado nuevamente tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, ocurrido el 28 de diciembre de 2025 en Oaxaca, que dejó un saldo de 13 fallecidos y cerca de un centenar de heridos. El accidente, el sexto en dos años de operación de proyectos ferroviarios bajo administración federal, ha generado un debate intenso sobre posibles causas técnicas, negligencias o intenciones deliberadas, alimentando divisiones que podrían erosionar la confianza en las instituciones.
El caso actual ilustra este enfoque defensivo. Influencers y militantes de Morena, como la regidora de Tonalá, Jalisco, Juncal Solano, han difundido narrativas que atribuyen el siniestro a acciones opositoras. En una transmisión en vivo, Solano acusó sin evidencia a Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan, Michoacán, y viuda del alcalde asesinado Carlos Manzo de estar involucrada en un supuesto sabotaje y sugiriendo motivaciones políticas contra la llamada Cuarta Transformación. Esta declaración, ampliamente criticada por carecer de pruebas, se enmarca en una estrategia más amplia donde se vinculan incidentes a conspiraciones externas, desviando la atención de posibles fallas internas. Similarmente, el senador Gerardo Fernández Noroña, cercano a Morena, señaló intentos de desprestigio por parte de la oposición, afirmando que el descarrilamiento forma parte de una campaña contra el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Jesús Mora, otro simpatizante, no descartó un sabotaje opositor, expresando solidaridad con las víctimas pero defendiendo el proyecto.

Este patrón no es nuevo. En mayo de 2021, el colapso de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, que causó 26 muertes y decenas de heridos, provocó reacciones similares. Propagandistas afines a Morena, como el productor Epigmenio Ibarra, insinuaron sabotaje por parte de adversarios políticos, a pesar de que investigaciones posteriores apuntaron a deficiencias en mantenimiento y construcción durante administraciones previas, incluyendo la de Claudia Sheinbaum como jefa de Gobierno. En ambos episodios, la narrativa del sabotaje emerge rápidamente en redes sociales y transmisiones, sirviendo como escudo ante críticas por presunta corrupción o impericia. El Tren Interoceánico, administrado por la Secretaría de Marina, había recibido advertencias de la Auditoría Superior de la Federación sobre irregularidades en su construcción durante cinco años, lo que añade capas a la discusión sobre responsabilidad.
La respuesta oficial de Morena al respecto ha sido notable por su silencio selectivo. El partido no ha emitido un pronunciamiento directo condenando las afirmaciones de Solano u otros propagandistas, contrastando con su prontitud para responder a declaraciones de líderes opositores. Por ejemplo, ante críticas de senadores del Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que calificaron el descarrilamiento como «negligencia criminal» y exigieron suspensiones operativas, Morena respaldó investigaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) y criticó a la prensa por su cobertura. La presidenta Claudia Sheinbaum, en su conferencia matutina, enfatizó la necesidad de responsabilidad en la información difundida, aunque evitó referirse específicamente al video de Solano, defendiendo en cambio a Quiroz. Esta asimetría genera interrogantes sobre la coherencia interna del partido: mientras condena supuestas calumnias opositoras, tolera o ignora desinformación de sus filas.
Estos elementos invitan a la polémica al polarizar el debate público. Por un lado, las acusaciones sin sustento fomentan un clima de desconfianza, donde cualquier incidente se interpreta como guerra política, potencialmente incentivando violencia verbal o real contra figuras opositoras. Críticos argumentan que esto erosiona la democracia al priorizar lealtades partidistas sobre hechos verificables, recordando casos como el asesinato de Manzo, donde narrativas conspirativas proliferan sin evidencia. Por otro, defensores de Morena sostienen que tales teorías responden a campañas mediáticas opositoras, como las que culpan al gobierno de fallas estructurales sin considerar contextos históricos. Este ciclo de recriminaciones mutuas distrae de soluciones concretas, como auditorías independientes o mejoras en seguridad ferroviaria, y plantea dilemas éticos sobre el rol de influencers en la esfera pública: ¿dónde termina la libertad de expresión y comienza la difamación?
En términos analíticos, este enfoque refleja una estrategia de comunicación reactiva, común en contextos de alta polarización. Estudios sobre desinformación en América Latina indican que teorías conspirativas fortalecen bases partidistas pero debilitan instituciones al socavar la rendición de cuentas. En México, con elecciones intermedias en el horizonte, estos incidentes podrían influir en la percepción pública de proyectos emblemáticos como el Tren Interoceánico, valorado en miles de millones de pesos y promocionado como eje de desarrollo regional. Comunidades locales, afectadas directamente, han señalado a la Marina por el accidente, demandando transparencia.
La oposición, por su parte, ha capitalizado el siniestro para cuestionar la gestión federal, exigiendo comparecencias y suspensiones temporales, lo que intensifica el conflicto. Sin embargo, el silencio de Morena ante sus propios propagandistas sugiere una doble moral que podría costarle credibilidad. Para mitigar esto, sería pertinente una postura clara del partido, promoviendo investigaciones imparciales y desincentivando narrativas infundadas. En última instancia, resolver estos incidentes requiere priorizar hechos sobre ideología, asegurando que la responsabilidad recaiga en evidencias, no en lealtades políticas.
Quizás sean solo sus evidentes limitaciones para articular ideas lo que llevó a @juncalssolano a acusar a la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, viuda de Carlos Manzo, de estar detrás del “descarrilamiento del Istmo de Tehuantepec”
Como sea, es ruin e irresponsable. pic.twitter.com/JHlktBmibR
— Manuel Lopez San Martin (@MLopezSanMartin) January 1, 2026






































