Eligiendo futuro para Alemania

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Por Alejandro Díaz

El domingo 26 los ciudadanos alemanes irán a las urnas. 61 millones, de los 83 millones de habitantes, podrán ejercer su voto para elegir a los miembros del Parlamento Alemán (Bundestag), y a través de éste, al Canciller que sustituirá a Ángela Merkel. La mitad de los 598 diputados al Parlamento son electos por voto directo, ganando el candidato que obtenga más votos en cada uno de los 299 distritos. Los otros 299 diputados son determinados por los segundos votos de los electores.

Los alemanes tienen derecho a un segundo voto. Con él eligen una lista de entre las propuestas de los partidos, pero también de entre listas ciudadanas propuestas por al menos 2000 electores. Este segundo voto es tan importante, o más, que los votos directos, pues ellos son los utilizados para calcular los asientos a repartir según el porcentaje obtenido por los partidos que rebasen el 5% de la votación o consigan al menos tres mandatos directos.

Se usa el método matemático Sainte-Laguë para asignar los asientos en forma muy cercana al porcentaje obtenido en la elección. Es lo más cercano a la proporcionalidad que se conoce, y es ampliamente utilizado en distintos sistemas parlamentarios por su exactitud. Tiene una sola excepción: si un partido obtiene más asientos directos que el porcentaje que le corresponde, se incrementa el número de asientos a repartir hasta llegar a 620 (contra los usuales 598) para mantener la proporcionalidad.

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Las encuestas periodísticas y de despachos profesionales muestran que el partido más votado será el SPD (Partido Social Demócrata) con un 26%, lo que lo obligará a gobernar en coalición. El partido de la actual canciller (CDU/CSU), a pesar de la popularidad de ella, apenas alcanza el 23% habiendo comenzado con un 36%. Varios asuntos influyeron en el ánimo de los votantes: desde la personalidad de los candidatos, la tragedia ocurrida por las precipitaciones pluviales en la región donde el candidato a canciller de la CDU/CSU gobierna y finalmente una controversia sobre la utilización de la justicia.

La intención de voto del resto de los partidos apenas cuenta: la extrema izquierda (Die Linke) no pasa del 6%, los liberales (FDP) y los de extrema derecha (AfD) rozan el 12%, y Los Verdes, que apuntaban a ser la sorpresa con su candidata Annalena Baerbock está en el 17%, a pesar de alcanzar el 28% de la intención de voto en marzo pasado.

A diferencia de los sistemas presidenciales, estimar resultados de una elección parlamentaria es complicado. Implica analizar 299 elecciones locales así como la posibilidad de que se requieran asientos adicionales como se describió. Pero todo apunte a que el próximo gobierno alemán estará encabezado por Olaf Scholz del SPD en coalición con Los Verdes.

El pueblo alemán tiene la palabra y la expresará el domingo. Quizá para el mundo sea sorpresa el veredicto, pero nadie dentro del país cuestionará los resultados. Éstos estarán a la vista de todos con los porcentajes reales de la voluntad popular que obligará a acuerdos entre los actores políticos.

Faltan pocas horas para la jornada electoral, y no sólo los alemanes están interesados en el resultado de la elección, también lo están el resto de los europeos. Alemania es el país más grande de la Unión Europea (UE), y ha sido su motor económico por muchos años. Las dificultades por las que pasó la UE en los pasados 16 años fueron resueltas gracias al atinado liderazgo de la Canciller Merkel, pero no olvidemos que el también largo liderazgo de Helmut Kohl terminó en una elección muy competida.

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