El sexenio de los malos empleos

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Dos millones más de ninis no debieran ser motivo para celebrar…

Dos cosas caracterizan a los empleos que se han generado durante la primera mitad de este sexenio: Son insuficientes y de mala calidad. La noticia de la creación de millón y medio de puestos de trabajo formales que con bombo y platillo anunció el presidente Peña, palidece tristemente ante los 3.6 millones que se requirieron en ese mismo lapso para cubrir la demanda de los jóvenes que se integraron al mercado laboral. Dos millones más de ninis no debieran ser motivo para celebrar…

De igual gravedad resulta el hecho que los empleos que se están creando son de un bajo nivel de ingreso, al mismo tiempo que se eliminan los trabajos mejor remunerados. Según el análisis del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) difundido esta semana, tan sólo en la primera mitad de este año se perdieron 615 mil empleos con una percepción mayor a los dos salarios mínimos, mientras que en el mismo periodo, 938 mil personas consiguieron un puesto de trabajo con ingresos menores a dos salarios mínimos.

Esta situación es uno de los factores que explican cómo, a pesar del aumento en el empleo formal, los hogares disminuyeron su ingresos reales en un 3.5% en los últimos dos años. Pareciera que México se está estancando en su condición de economía de bajos salarios, lo cual resulta nefasto para el presente y futuro de los trabajadores y la clase media. Esto es algo de lo que no escuchamos en el tercer informe.

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Pocos empleos y mal remunerados nos han llevado a un mercado interno débil,  incapaz de transformarse en el motor de crecimiento que tanto nos urge. Atados casi exclusivamente a la suerte de nuestro sector exportador, estamos condenados a crecimientos mediocres y a ser altamente vulnerables ante las crisis provenientes del exterior.

¿Hay alguna política o estrategia gubernamental seria para mejorar la calidad de los nuevos empleos? Porque no vemos claro. El gobierno federal por ahora se manifiesta más que satisfecho con las cifras alegres de afiliaciones totales al IMSS.

Da la impresión que nuestros funcionarios no entienden que como país de ingresos medios, México requiere tanto cantidad como calidad en los puestos laborales que se crean, si no quiere verse entrampado permanentemente en un ciclo de bajo crecimiento, mientras es rebasado por las demás naciones emergentes. ¿Nuestros gobernantes son incapaces de aprender del caso coreano, o del chino?

Resulta paradójica la pauperización en el empleo cuando contemplamos en nuestro propio territorio el auge de ramas industriales altamente competitivas como la automotriz, la aeronáutica, o la electrónica. Si empresas de clase mundial, integradas en auténticos clusters, generan miles de empleos relativamente bien pagados y están convirtiendo a México en una potencia exportadora en esos sectores, ¿cuál es el pretexto del gobierno?

Desafortunadamente, hasta el momento estos casos son auténticos garbanzos de a libra. La mayor parte de la planta productiva, lastrada por malas políticas públicas (o por la ausencia de éstas) pierde aceleradamente competitividad. Según la OCDE, la productividad del país se encuentra un 60% por debajo del promedio de este bloque, colocándolo en el último lugar del mismo. Hay que recordar que los salarios están ligados en buena medida a la productividad laboral.

¿Cómo está evolucionando la productividad de las empresas mexicanas? Según los datos más recientes de INEGI, en el segundo trimestre de 2015 el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía (IGPLE) con base en horas trabajadas, se ubicó en 102.3 puntos, lo que significó una baja del 0.8 por ciento en comparación con el mismo trimestre del año anterior. La caída resulta especialmente pronunciada en el sector industrial, con una reducción del 3.9 por ciento.

Con un asfixiante esquema fiscal que desincentiva la inversión privada, una infraestructura básica cerca de la saturación, la falta de un verdadero programa que fomente la innovación y la creatividad, y una mano de obra con una educación de muy mala calidad, resulta lógico que la productividad se haya estancado.

Es una desgracia que por malos gobiernos no se aproveche adecuadamente una fuerza laboral de tanta calidad y talento como la que tenemos. El trabajador mexicano ha demostrado con creces que en igualdad de condiciones, es tan bueno, o incluso mejor,  que el de cualquier otro país. Por razones evidentes, los mexicanos al otro lado de la frontera presentan una productividad tres veces mayor que la de los mexicanos que laboramos aquí.

No nos engañemos. Mientras nuestra productividad siga estancada, resultará verdaderamente difícil acelerar el crecimiento económico y mejorar los salarios reales, por más estabilidad macroeconómica y baja inflación que lleguemos a mantener por décadas.

Es hora de que los trabajadores, las empresas, las fuerzas políticas y los demás agentes sociales, exijamos al gobierno federal que asuma decididamente su responsabilidad de fomentar la productividad, y a través de ella la creación de empleos mejor remunerados.  Es la hora de luchar.


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