El reto que nos espera: reconstruir México desde 2024

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Cada vez que un gobierno populista, incapaz, autoritario, destruye en mucho o poco un país con sus locuras, esa nación debe reconstruirse en lo posible. Es una experiencia bien conocida de muchos países en el mundo, y los intentos de corregir los errores, destrucciones institucionales o hasta legales, cuestan mucho, cuestan mucho en la absoluta necesidad de tomar muchas medidas políticas de corrección que son impopulares.

Esas medidas en especial, involucran cantidades gigantescas de fondos públicos que no existen y deben salir de alguna parte, es decir, de los contribuyentes, con alzas de impuestos, derechos y costo de servicios públicos y con endeudamiento. También de sacrificios de programas de ayuda a la población, o de cancelación o abandono de obras y proyectos, simplemente porque no habrá suficiente dinero. Es decir, que los nuevos gobiernos que intentan corregir lo corregible se vuelven impopulares, pues la mayor parte de la gente no entiende, o más bien no desea entender la necesidad de sacrificios.

Otros casos son los de corregir cambios de legislación, a veces hasta de constituciones nacionales que fueron cambiadas, para que la población recupere derechos que le fueron nulificados, de derecho o de hecho. Cuando los “dueños” de un Estado se han arrogado poderes inaceptables, para hacer lo que les pegue la gana, recuperar la cordura y los legítimos derechos de las personas, corregir eso no es tan fácil. Sobre todo, cuando las élites dominantes autoritarias no han sido completamente expulsadas del poder público, en especial en los congresos o asambleas nacionales, que en votaciones harán lo posible por conservar sus privilegios ilegítimos.

En general, las mafias que se han apoderado de gobiernos nacionales, en particular los dictadores y sus cómplices, se alían a organizaciones criminales, por enormes conveniencias mutuas a costa de la ciudadanía. Esto les sirve para mover a lugares presuntamente “seguros” los robos hechos al erario. El respaldo de la criminalidad, que no se combate, por supuesto, permite controlar a la población por medio de las amenazas, las represalias de todo género, los atentados, los secuestros, las extorsiones y los homicidios, y hasta el abierto terrorismo.

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La principal connivencia de los dictadores es, claro, con las fuerzas armadas, cuyas cabezas son parte de las mafias que controlan y saquean al país, algo que muchas veces permea hasta la base soldadesca, quienes se sienten con patente de corso para hacer lo que les pegue la gana. Lo mismo con las fuerzas de policía. Y sumado el poder de represión militar y policiaca con el de las bandas de sicarios, el control de la población es terrible, y, lo peor es que es muy, pero muy difícil de desbaratar y nulificar cuando llega al poder un nuevo gobierno democrático.

El gran problema de las dictaduras, personales o de grupo, es la corrupción, fenómeno terrible en muchas naciones sujetas a ellos, prácticamente en todos los casos. Cuando la corrupción se ha hecho a grande escala, esta involucra a muchos empleados del gobierno y a cómplices de la sociedad, nacionales y extranjeros. Si hay impunidad, tanto los poderosos como hasta empleados de ventanilla se sienten capaces de robar o extorsionar pensando que no les pasará nada, y en general tienen razón, lamentablemente.

SEPTIEMBRE Y OCTUBRE DE 2024

Todo esto es lo que espera a México si en 2024, como esperamos, gana la oposición, tanto la presidencia como el control de las cámaras, en lo nacional y lo local. Reconstruir en lo posible los daños hechos en obra pública y de servicios, cuesta mucho dinero, hacer todo lo que se requería en obras y servicios públicos abandonados o destruidos, es obra titánica. Puede compararse en cierta forma con las reconstrucciones postguerra.

Lo más difícil de hacer será la reconstrucción institucional, de tanto que este gobierno de López Obrador y sus cómplices han destruido. Esta tarea no es nada fácil, requiere cambios legales, tener servidores públicos que se den a la tarea reconstructiva, honesta y eficazmente, e invertir mucho pero mucho dinero.

Las cadenas de corrupción y de sumisión de quienes operan “por órdenes superiores” los robos de dineros del Estado son muy difíciles de romper, pues la corrupción se ha vuelto una forma de vida. Y esto espera al nuevo gobierno democrático y honesto. Sustituir a los corruptos, así como a los inútiles, los incompetentes llegados a cargos públicos por amiguismo, es tarea enorme.

Otra tarea a enfrentar es la reconstrucción del perdido prestigio de nuestro gobierno en los ámbitos internacionales, en los cuales AMLO ha creado enemistades y enojos injustificados. Ah, también los ridículos que ha hecho, originadores de burlas y los malentendidos de confundir a AMLO y sus cómplices con sus tonterías contrarias a la diplomacia con nuestro país en general.

De esta manera, de septiembre de 2024 (inicia el Congreso) en adelante, el camino a seguir para intentar reconstruir lo destruido por la tal “4T” será tanto popular como impopular según la visión personal de cada persona. Aunque Morena pierda las elecciones o sus mayorías legislativas, quedarán millones de fans de este partido y de su líder AMLO, que no serán capaces de reconocer la destrucción nacional heredada, y renegarán, atacarán y hasta amenazarán al nuevo gobierno y, si pueden lo sabotearán. En especial el crimen organizado cómplice.

La herencia es, pues, un reto gigante, como ha sucedido en otras naciones. Para ello se requiere un titular del Ejecutivo, verdadero líder creíble para la mayoría de la población, tanto como el equipo de colaboradores con los que se rodee. En el caso de los legisladores, estos tendrán grandes batallas para reconstruir leyes e instituciones, será una tarea nada sencilla.

De esta manera, ganar en 2024 no será una fiesta de gobierno, se podrán celebrar esos triunfos, pero se deberá crear en lo posible una conciencia nacional de reconstruir lo destruido por AMLO y su 4T. El fanatismo creado tan eficazmente durante tantos años por López Obrador para convencer a millones de ciudadanos que hizo “lo correcto”, que luchó contra las fuerzas del mal, contra la corrupción y todo lo demás seguirá allí en muchos de dichos ciudadanos. El reto, pues, es un gran reto, y hay que prepararse para iniciarlo en cuando se tenga el cambio de mando, y para que este cambio se haga realidad, hay mucho que hacer desde ahora hasta las votaciones de 2024, para que suficientes ciudadanos voten por México y no por la tal 4T.


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