El PRI y sus gobernadores

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Si a alguien el PRI le debe no haber desaparecido electoralmente durante los años de la alternancia en Los Pinos, y por su recuperación sostenida de votos entre 2006 y 2012, es a sus gobernadores.

Sin ellos —y, seguramente, sin el empujón que ha representado su alianza con el Partido Verde desde 2003—, el partido en el poder no tendría el piso de 30 puntos que tiene en las encuestas preelectorales.

Sin el apoyo de sus gobernadores, el PRI se habría desfondado en 2006, luego de que la candidatura presidencial de Roberto Madrazo lo dejó en tercer lugar.

Fueron ellos los que lo mantuvieron a flote en los años del naufragio. Fue por ellos que regresó a Los Pinos, justo con uno de sus semejantes como candidato presidencial. Y si el PRI tiene alguna posibilidad de alcanzar —junto con el Verde— la mayoría en San Lázaro en junio próximo, tendrá que agradecérselo a ellos.

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La revisión de los datos históricos de los comicios demuestra que el PRI ha tenido un mucho mejor desempeño electoral en los estados que gobierna que en los que manda la oposición.

En las seis elecciones para diputados federales celebradas entre 1997 y 2012, el Revolucionario Institucional ha obtenido siete puntos y medio más en las urnas en los primeros que en los segundos.

Para ser precisos, en esas seis elecciones, el PRI consiguió en total 50 millones 278 mil 879 votos en los estados en que era o es gobierno, de un total de 119 millones 882 mil 47 sufragios depositados (41.95%), mientras que en los que era o es oposición consiguió 25 millones 905 mil 583 votos de un total de 75 millones 90 mil 602 sufragios (34.49%).

En la mayoría de los estados en los que el PRI ha ido a las urnas siendo partido de oposición a nivel local ha llegado en segunda o tercera posición (eso ha pasado 51 de 72 ocasiones).

En 1997 era oposición en Baja California, Guanajuato, Jalisco y Chihuahua. En ese último estado ganó la mayoría de los votos en la elección de diputados federales, y quedó segundo en los demás.

En 2000 acudió a las urnas como opositor en 12 de las 32 entidades. Quedó en primer lugar en Tlaxcala, Zacatecas y Nayarit; segundo en Baja California, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Querétaro, Aguascalientes, Michoacán y Baja California Sur, y tercero en el Distrito Federal.

En 2003, cuando 15 estados del país eran gobernados por la oposición, los priistas alcanzaron el primer lugar en la elección de diputados federales en Nuevo León, Tlaxcala, Chiapas, Nayarit y Yucatán, en algunos de esos casos gracias a su alianza con el Verde. Fueron segundos en Baja California, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Morelos, Querétaro, Baja California Sur y Michoacán. Y, nuevamente, terceros en la capital del país.

En 2006, año de su desfonde, el PRI sólo alcanzó un primer lugar, en el mismo tipo de elección, en los 15 estados gobernados por la oposición: Chiapas. Fue segundo en Aguascalientes, Baja California, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Querétaro, San Luis Potosí y Yucatán. Y tercero en Baja California Sur, Distrito Federal, Michoacán, Morelos, Tlaxcala y Zacatecas.

En las elecciones intermedias de 2009, el tricolor comenzó a dar señales de recuperación en las urnas. Obtuvo cuatro primeros lugares entre 14 entidades gobernadas por la oposición: Chiapas, Guerrero, Jalisco y Morelos. Fue segundo en Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Querétaro, San Luis Potosí, Tlaxcala y Zacatecas. Y tercero en Michoacán y el DF. En la mitad de esas 14 entidades compitió en alianza con el PVEM.

Finalmente, en 2012, cuando obtuvo la mayoría de los votos en la elección presidencial, el PRI acudió a las urnas como partido de oposición en 12 estados. De esos, ganó siete en la votación para diputados federales y en las cinco entidades restantes quedó en segundo lugar, incluyendo el Distrito Federal. Otra vez, la alianza con el Partido Verde resultó fundamental para la obtención de esos números.

La comparación entre la votación que obtuvo el PRI en los estados que gobernaba y los que gobernaba la oposición fue de 39.67%-36.41% en 1997; de 41.38%-32.45% en 2000; de 42.29%-31.02% en 2003; de 32.77%-24.34% en 2006; de 42.22%-27.32% en 2009 y de 37.11%-30.22% en 2012.

El 7 de junio se volverá a poner a prueba cuánto pesan los gobernadores priistas en el desempeño electoral de su partido.

Sin contar Chiapas —donde el gobernador surgió del Partido Verde—, el PRI va esta vez como oposición en 11 entidades: Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Oaxaca, Puebla, Guerrero, Morelos, Tabasco, Guanajuato y el DF.

A los estados de Sinaloa y Guerrero se le podría poner un asterisco, pues los mandatarios de esos estados no están muy confrontados con el PRI, que digamos.

Además, el PRI cuenta con la ventaja que de los 20 estados que gobierna (sin contar Chiapas), nueve nunca han tenido alternancia política. Los once restantes fueron arrebatados a la oposición en algún momento entre 1998 y 2011.

Si la historia dice algo, los candidatos priistas tendrán mayor margen de maniobra el 7 de junio en 20 estados que la oposición. Y quizá hasta en 23.

Por algo, el PAN y el PRD intentaron disminuir la fuerza de los gobernadores en la pasada Reforma Política. No falta mucho para saber si lo consiguieron o no.


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