El gobierno fortuito

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El karma debe odiar a Claudia Sheinbaum. En donde sea que se asome hay infortunios impredecibles, y ninguno de ellos es su culpa o de su gobierno. Simplemente, es la jefa de Gobierno con peor suerte del mundo.

Cada tragedia, cada accidente, cada delito que ocurre debajo de sus narices se debió al infortunio, a condiciones impredecibles o, simplemente, a la mala suerte que la persigue a donde sea que vaya, y ni uno solo puede ser atribuido a una mala gestión de la administración que ella encabeza.

Lo más desconcertante es que, siendo la científica que se jacta de ser, Claudia Sheinbaum le siga atribuyendo al destino, al universo, a la alineación astral, cada error que se comete en su gobierno, a cada vida que se pierde cuando ocurre un accidente que, de acuerdo con la jefa de Gobierno, no había forma humana de anticipar, menos aún, de prevenir.

Será por ello que Sheinbaum continúa volteando a ver a la clase política como una bola de barbajanes, rupestres e incultos, inferiores a ella y se posiciona en la supremacía moral, incapaz de hacer las bajezas que hace un político tradicional.

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Por un momento iré en contra de ese fatídico destino que la aqueja para tratar de entender el porqué de la cadena de tragedias que azotan a la ciudad y a sus habitantes. Quiero entender de qué sirve ser científico si la casualidad le gana a la ciencia.

En septiembre de 2019, el vagón de un juego mecánico en la Feria de Chapultepec se descarriló ocasionando la muerte de dos personas, lo que llevó al cierre definitivo del parque de diversiones, a la detención de personal de la empresa encargada de la administración del establecimiento, pero a ningún solo funcionario porque, dijo Sheinbaum, fue negligencia del particular, pero no hubo responsabilidad del gobierno.

En marzo de 2020, dos trenes del Metro colisionaron en la estación Tacubaya, con una víctima fatal y al menos 40 heridos. La jefa de Gobierno en persona acudió al lugar y las investigaciones arrojaron responsabilidad del conductor de la unidad, pero ni un solo servidor público compartió esa culpa.

El 9 de enero de 2021 un incendio consumió el Puesto Central de Control del Metro, cobrando una vida y dejando pérdidas incalculables. El resultado del peritaje del gobierno arrojó que se trató de un evento fortuito. Extrañamente, la aseguradora cuenta con otros datos que indican falta de mantenimiento, motivo por el cual no se ha podido cobrar el seguro. Y para evitar la ya de por sí muy mala suerte, Sheinbaum ordenó reservar toda la información del accidente por tres años.

En mayo de 2021 un tramo de la Línea 12 del Metro colapsó cobrando la vida de 27 personas, debido a una falla estructural atribuida a la constructora, sin embargo, pese a las señales e informes previos que alertaban del deterioro de la línea, ésta nunca dejó de operar. La Fiscalía de la CDMX presentó cargos contra personas físicas y morales por el accidente, pero nunca se responsabilizó al gobierno. Incluso, se protegió a la exdirectora del Metro, Florencia Serranía. ¡Uf, cuánta mala suerte! Y en ningún caso fue culpa de Sheinbaum o de su gobierno. La versión de “yo tengo otros datos” de la jefa de Gobierno es que fue fortuito o culpa de particulares. A ella ni la volteen a ver.

La realidad es que éstos son los problemas de toda la vida de la ciudad, no tienen nada de nuevos ni de fortuitos, ¿en dónde ha vivido esta mujer? Lo único que no es fortuito es su ineficiencia y la de su gobierno. El único infortunio aquí es tener en la jefatura de Gobierno a una persona que le quedó grande el puesto y, ante sus fracasos, invoca a la suerte y culpa a terceros para cubrir su rastro de ineptitudes.

Si no me creen, finalmente veamos el lamentable caso de Tadeo, el bebé que fue exhumado de un panteón de Iztapalapa sólo para aparecer en un contenedor de basura en un penal de Puebla. Para Sheinbaum es un caso inédito, inexplicable e insospechado, cuando desde hace dos años se les avisó de las exhumaciones en los panteones públicos para el comercio ilegal de huesos. En el gobierno de Puebla van 21 detenidos y dos funcionarios cesados; en contraste, la jefa de Gobierno evade toda responsabilidad y culpa a su suerte.


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