El general no tiene quien le escriba

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A mí no se me escapó», dijo a los senadores la procuradora general de la República, en referencia a la fuga de El Chapo. No sabemos qué pensará Osorio Chong al respecto, pero a lo mejor también piensa lo mismo y siente que a él no se le escapó. Esta frase sintetiza el ambiente de trabajo en el gobierno: el «yo no fui» de la falta de solidaridad, el «pregúntenle a él» del que se sacude la culpa colectiva, la engañosa aspiración a ser juzgado en lo individual cuando se forma parte de un gobierno, de un proyecto, el «a mí no me vean». Ha comenzado la repartición de las culpas. La división de las responsabilidades. Es muy probable que, bajo la lógica de la procuradora Gómez, diversos secretarios piensen de la misma manera: la de los pasaportes no fui yo, cuando llegué ya estaba el problema; los programas sociales ya estaban mal a mi arribo, así que habrá que cambiarlos; el maltrato a los maestros, la lentitud en la reforma, la falta de diálogo son de cuando estaba «el gordito», ahora empezaremos de nuevo. Estamos ante un equipo de trabajo fracturado.

El ejemplo más claro de esa fractura es el general secretario Salvador Cienfuegos. El general ha salido repetidamente a los medios de comunicación para defender a su tropa, para defender su trabajo, para explicar las órdenes que se le solicitó cumpliera y que ahora los tienen en la polémica. Es claro que el general Cienfuegos salió a la prensa porque nadie en el gobierno salió a defenderlos. Porque en Los Pinos los estrategas están más preocupados en mandar una foto de los calcetines del Presidente para puntualizar que no se les puso al revés, que en exigir respeto, contestar y aclarar dudas sobre la función de las fuerzas armadas y detener ataques fuera de proporción, exigencias demenciales como las de algunos diputadillos.

En efecto, el Ejército que tanto ha hecho por los civiles, sin disculpar sus excesos, es abandonado por los mismos que le imploran ayuda. Los partidos políticos —incluso los que tienen la mayoría para servir al Presidente— han sido incapaces de sacar una ley que brinde certeza jurídica al papel de las fuerzas armadas en la calle. Pero no, antes sale una ley que proteja los intereses de los partidos contra o a favor de los independientes, a favor de más spots o más dinero, que una que le urge a la única institución respetable que nos queda.

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El general no tiene quien le escriba, ni quien lo defienda ni quien lo cuide. Entonces, como ya lo demostró, lo hará solo. Es la respuesta a la señal de: cada quien que se rasque con sus uñas, que se defienda con su boca, que busque sus argumentos porque a cada uno se le paga por defender su parcelita y no la de los demás.


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