El futuro incierto del PAN

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Diagnóstico de la crisis por la que atraviesa Acción Nacional es muy claro.

Este domingo se llevará a cabo la elección de la dirigencia del Partido Acción Nacional que, a diferencia del PRI en que regresaron a los tiempos del dedazo presidencial o del PRD que ante los resultados obtenidos el 7 de junio y la consecuente crisis interna tendrán que renunciar anticipadamente su presidente y los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, se ha caracterizado por ser una verdadera contienda democrática entre el senador Javier Corral y el diputado Ricardo Anaya.

Aunque como es natural no ha estado exento de pasiones, de posturas críticas y se han manifestado inconformidades, estas se han desahogado institucionalmente por lo que en términos generales se ha tratado de un proceso civilizado que ha demandado un esfuerzo importante para que puedan acudir a las urnas alrededor de 477 mil panistas. Incluso es de destacar que frente a las acusaciones contra Ernesto Ruffo a partir de unas grabaciones que todo indica son falsas, hubo un importante cierre de filas para defender el bien ganado prestigio de uno de sus íconos.

Sin embargo, también hay que decir que la elección de Acción Nacional no ha despertado gran interés en la ciudadanía, que más bien se ha mostrado indiferente con lo que pasa en un partido que dejó de distinguirse del resto al sucumbir a las tentaciones del poder. Quizá el momento de mayor atención lo generó el debate -sobre todo a partir del duro intercambio de acusaciones- que ciertamente sirvió para contrastar dos personalidades con trayectorias y perfiles distintos, pero en el que más allá de algunos pronunciamientos genéricos en torno al papel del PAN como oposición, la corrupción o el padrón interno, se extrañaron propuestas concretas y cuando menos un esbozo de la posición de los candidatos respecto a los principales temas de la agenda nacional como inseguridad, violaciones a derechos humanos, economía, pobreza y desigualdad.

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A unos cuantos días de que se defina la elección y en buena medida el futuro de Acción Nacional, me parece que el diagnóstico de la crisis por la que atraviesa es muy claro -de hecho desde 2009 se cuentan con documentos serios elaborados por las comisiones de análisis y reflexión que se han formado para tal efecto-, así como los dilemas que tienen que resolver y en los que en lo fundamental han coincidido ambos candidatos.

Pero no basta con conocer el problema o tener la mejor intención de resolverlo, mucho menos se necesita a alguien que se conforme con administrar la crisis o mantener el status quo. La gran pregunta es quién tiene la visión y habilidades suficientes para ir más allá de la crítica y trascender la coyuntura, para superar resistencias, construir unidad, conciliar intereses, modificar incentivos, imponer límites, recuperar la institucionalidad. En síntesis, al PAN le urge un dirigente que sea capaz de construir un verdadero proyecto de partido, que lo convierta de nuevo en un referente ético y que vuelva a servir a la sociedad, pues solo así podrá garantizar su futuro que hoy se vislumbra incierto.


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