El Diagnóstico en las Campañas

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*¡Para Grandes Males, Grandes Remedios!

Las campañas políticas sirven para realizar un verdadero ejercicio de valoración en relación al estado que guarda el país; es un alto en el camino para llevar a cabo todo un proceso de reflexión en torno al panorama del momento: ¿de dónde venimos, cómo nos encontramos y hacia qué rumbo vamos?, se traduce en una consulta ciudadana en un acto de soberanía para que cada quien en lo individual manifieste su parecer.

No se requiere de gran conocimiento en la materia para saber que las cosas no andan bien, inclusive la institución presidencial que por tradición articula prácticamente todo el engranaje estructural que sostiene al país, se encuentra sumamente desgastada.

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Las grandes reformas derivadas de un pacto político, que despertaron fuertes expectativas y mandaron señales de gobernabilidad, no han dado los resultados esperados, por el contrario, el deterioro de la economía y la creciente inseguridad, aunado a temas de corrupción e impunidad, siguen provocando la erosión del tejido social, la desconfianza ciudadana y la falta de credibilidad en las instituciones, creando un clima de incertidumbre.

 

El reflejo de lo anterior por obvias razones, sale a relucir en las campañas políticas, donde se reparten culpas al por mayor, predominando los ataques y las descalificaciones por encima de las propuestas, se observan más ocurrencias que ideas, frases trilladas o en ocasiones dichos ingeniosos, pero nada de creatividad o innovación que atraiga la atención.

 

Me causa asombro que conociendo todo mundo los problemas que nos aquejan, nadie se refiera a un verdadero y profundo proceso de reconciliación, de establecer nuevas reglas de convivencia social, política y económica, de impulsar un verdadero cambio basado en el imperio de la ley, la transparencia y el trabajo en conjunto con la sociedad; hace falta reconocer los errores y resaltar las virtudes de cada quien, con el ánimo y firme propósito de sumar los esfuerzos de la comunidad.

 

Continuamos por la estrecha vereda de pensar que el adversario es el candidato de otro partido, cuando en realidad es la incapacidad para convencer al electorado, el contrincante verdadero es el abstencionismo, dígase el ciudadano que no participa por considerar que esto no tiene remedio, aquellos que están hartos de la política y de los políticos.

 

Por eso es indispensable mandar mensajes de aliento con propuestas claras, sencillas, posibles y confiables.

 

El nivel de enfrentamiento que está caracterizando las campañas es el espejo de lo que ocurre en el país, donde se han presentado episodios inocultables e indefendibles, pero debemos estar conscientes que evidenciar lo anterior es insuficiente para cambiar las cosas.

 

Se requiere para grandes males, grandes remedios.


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