Dos mujeres en la Corte

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El nivel de exigencia en cuanto a preparación, capacidad y experiencia debe ser parejo.

Probablemente éste sea el proceso de designación de Ministros de la Suprema Corte de Justicia que más atención ha generado en la opinión pública y también con un mayor nivel de participación y exigencia.

La inconformidad de organizaciones y académicos con el nombramiento anterior, así como los rumores de un acuerdo para que llegara a la Corte el senador del PRI, Raúl Cervantes, detonaron un intenso activismo sobre todo a través de la campaña “Ni Cuotas Ni Cuates” para impedir el reparto de cuotas partidistas o que por encima de capacidades y trayectorias se privilegiara la cercanía personal o política.

A la par, se insistió en la necesidad de que cuando menos una de las ternas se reservara para género, toda vez que el 30 de noviembre concluye el periodo de la Ministra Olga Sánchez Cordero, por lo que el Pleno quedaría con una sola mujer -la composición actual es de 9 hombres y únicamente 2 mujeres- e incluso, a iniciativa de Marcela Torres Peimbert, un grupo plural de senadoras envió una carta al presidente Peña Nieto solicitando que ambas ternas fueran integradas exclusivamente por mujeres.

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Tal parece que en alguna medida la presión ejercida funcionó, ya que por un lado obligó a dirigentes partidistas y coordinadores parlamentarios a deslindarse del supuesto acuerdo y pronunciarse porque la elección de los nuevos ministros se dé a partir de perfiles que garanticen independencia y profesionalismo, mientras que en las ternas que Peña Nieto envió al Senado el pasado viernes, no se identifican nombres claramente vinculados con algún partido político o con parentesco en el gobierno.

Sin embargo, aunque de ser aceptadas las ternas no habría retroceso en materia de género, tampoco se registraría un avance, pues sólo una de ellas está integrada por mujeres, lo que significa que la conformación del Pleno quedaría en los mismos términos lo que no es una buena noticia.

La demanda para que un mayor número de mujeres accedan a espacios de decisión como la Corte no es caprichosa y tampoco se trata de una graciosa concesión para regalarles posiciones como algunos dolosamente afirman, ya que el nivel de exigencia en cuanto a preparación, capacidad, experiencia debe ser el mismo.

Además de tratarse de un criterio de elemental proporcionalidad -el 51.2% de la población está constituida por mujeres- y que sigue siendo necesario impulsar acciones afirmativas para poner un piso parejo ante las evidentes condiciones de desigualdad que enfrentan, debemos reconocer que nuestro país es cada vez más diverso por lo que en la Suprema Corte se debe reflejar esa pluralidad y precisamente de ahí se desprende la obligación de impartir justicia con perspectiva de género, así como la pertinencia de contar con la visión de las mujeres a partir de su muchas veces dolorosa realidad pues hay que decirlo, aún son víctimas de discriminación y violencia.

Aunque se antoja difícil que puedan llegar dos mujeres una vez que se han mandado las ternas -con lo cual queda claro que esa no es la intención por lo menos del Ejecutivo- todavía existe una ligera posibilidad que consiste en que la Cámara de Senadores rechace la totalidad de la terna integrada por hombres, con lo que el Presidente tendría que someter a su consideración una nueva que podría estar conformada únicamente por mujeres.

Citando al Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, porque estamos en 2015, necesitamos dos mujeres en la Corte, la palabra la tienen las y los senadores.


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