Decepción frente a las urnas

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El proceso electoral para renovar la cámara de los Diputados entró en la recta final. La campaña federal sólo logró entusiasmar ahí donde concurrió con procesos locales, particularmente donde se elegirán Gobernadores. De esas contiendas pueden venir dos campanazos importantes, ausentes en el radar de la comentocracia: Colima y San Luis Potosí, con Jorge Luis Preciado y Sonia Mendoza Díaz. Entraron con márgenes muy amplios de desventaja electoral que luego revirtieron en empates técnicos. Es altamente probable que el PAN refrende Sonora y Baja California Sur; está en la pelea cuerpo a cuerpo en Querétaro con el PRI y en Michoacán con el PRD.

El PRD lucha frente a Morena por el tercer lugar nacional, y emplea todos sus recursos y sus mejores estrategas en Guerrero. El mayor descrédito que le vino de esa convulsa entidad, lo quiere revertir con su permanencia en el poder. Para su proporción y estructura, Movimiento Ciudadano ha hecho la campaña más intensa, no sólo en el conjunto de los llamados partidos pequeños, sino entre todos. Tiene en su haber el video musical más creativo; pero también el mayor agandalle de ex militantes del PAN – resentidos, decepcionados o derrotados internamente -, para hacerlos candidatos a diputados, alcaldes y gobernador.

En general han estado desangeladas la mayoría de las campañas distritales, se extrañan biografías delineadas en la lucha política y en el ámbito parlamentario que estén en el terreno de la competencia; quizá perfiles populares sí y algunos también polémicos, cantantes, futbolistas, actrices, conductores de televisión. Aunque el PAN tiene una disputa real muy pareja con el PRI por el primer lugar de la contienda y conseguirá sin duda más votos, la coalición marrullera que el partido oficial ha formado con el Verde – su instrumento para todo tipo de fechorías -, pronostica que el gobierno se quede con la mayor bancada en San Lázaro. Compró por 510 millones de pesos, hasta ahora , la fontanería del Partido Verde y le salió barato. Con un rechazo mayoritario entre la población, en el más bajo nivel de confianza e imagen pública, es muy posible que Peña Nieto transite la segunda mitad de su sexenio sin la más mínima dificultad en el Congreso. Controladas las dos cámaras bajo la égida corruptora del grupo mexiquense. Hay quienes sostienen que dada la actual correlación de fuerzas al interior de los partidos de oposición, aunque se obtuviera una mayoría opositora en la cámara, tampoco habría peligro alguno de contrapeso para el Presidente. Si que es desalentador el panorama y lamentablemente de ahí se nutre la postura de los anulistas.

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Pero en esta elección también hay fenómenos novedosos y omisiones significativas. Han irrumpido una veintena de candidatos independientes a Diputados Federales, 27 a diputados locales, 70 a alcaldes y jefes delegacionales, y tres a Gobernador, pero sólo uno llama la atención y logra colarse en el grueso de las preferencias: “El Bronco” de Nuevo León. De suyo, es digno de analizarse la evolución de este movimiento, como el primer coscorrón cierto al sistema de partidos, y mucho más, si resulta en descalabro. Si son confiables las encuestas y sondeos que se manejan, Felipe Cantú del PAN y Jaime Rodríguez Rodríguez debieran llegar a un acuerdo para evitar que el PRI se quede otra vez con el gobierno estatal, con sólo el 30% del electorado. Pero dada la cepa priísta del candidato independiente, el entendimiento debiera estar enfocado a un programa de reconstitución estatal y la definición de los perfiles de quienes deben hacerse cargo de cumplirlo en las principales áreas de responsabilidad. El fruto debiera ser: Un gobierno de coalición que trace un compromiso con las libertades políticas, abatir la desigualdad social, formas eficaces de participación ciudadana en el ejercicio del poder, administración transparente, rendición de cuentas y un acuerdo expreso de combate a la impunidad.

Sé de las dificultades que un acuerdo de esta naturaleza conlleva y del tiempo encima, sobre todo en un escenario que ha mantenido a los principales contendientes a tercios; declinar por El Bronco como lo hizo Fernando Elizondo, el candidato de Movimiento Ciudadano, no dudo que tenga una buena dosis de altura de miras, pero con el 4% de las preferencias no es una decisión tan difícil. Sin embargo, por el delicado, oscuro, momento que vive México, ese esfuerzo debería ser explorado.

La ausencia que grita en esta campaña es el silencio que todos los partidos han guardado frente a los casos de corrupción que involucran al Presidente de la República y a varios de sus principales colaboradores. Nadie tocó en su pauta de propaganda electoral en radio y televisión el tema de las casas de Peña Nieto y Angelica Rivera, ni la Casa Blanca, ni la segunda casa de Las Lomas, ni la de Ixtapan de la Sal; ni un intento de spot sobre la casa de Malinalco de Luis Videgaray; tampoco las casas del sui generis “arrendamiento” del secretario Miguel Angel Osorio Chong en Lomas de Reforma. Ni Andrés Manuel López Obrador se aventó en serio. Es cierto que Morena tiene en voz de su líder un mensaje sobre la corrupción política que dice costarnos 500 mil millones de pesos al año, pero se trata de un concepto muy general y no encarnado en ejemplos concretos. Esa omisión de los diversos partidos, marca también el desdén y la decepción ciudadana frente a las urnas. A muy pocos vimos entrarle con ganas al verdadero tema, el despeñadero.


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