¿De qué lado están los gobernantes?

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Pertenezco a una generación en la que nuestros padres solían poner límites a nuestro actuar. Me parece que era mucho más fácil, desde esa perspectiva, establecer normas y ejercer la autoridad. Si no cumplíamos, teníamos bien claro que nos ateníamos a las consecuencias. Mi madre, particularmente, no se andaba por las ramas. Además había coincidencia entre lo que se establecía en casa con lo que se prescribía en la escuela. PERO -así con mayúsculas- algo hoy no está funcionando, porque la autoridad y disciplina que antes se imponían sino se entendía con palabras, hoy no es posible.

No pretendo ni por asomo venir a catequizar, pero le comparto mis reflexiones al respecto. A mí me queda claro en este brevísimo otear a mis ayeres, que en un ambiente disciplinado es más fácil convivir, porque se propicia el desarrollo de una autoestima más alta, los chicos aprenden a ser autónomos y en el día a día se van haciendo más responsables, y esto conlleva a generar un ambiente en el que todos nos sentimos y actuamos mejor.

Cumplir la ley en México no es motivo de insomnio. Pasarnos el semáforo en rojo, manejar en estado de ebriedad, excedernos en los límites de velocidad, tirar basura en la calle, darle “mordida” al “tránsito” para que se haga de la vista gorda, comprar boletos al revendedor, adquirir productos pirata, “arreglarnos” con el burócrata para que el trámite salga más rápido, invadir predios ajenos con la “venia” de lideretes de asociaciones vinculadas a partidos políticos para “ganarse simpatías electoreras”, son evidencia indiscutible de incumplimientos normativos o derivados y consecuencias directas o indirectas de las conductas descritas, y la explicación se resume en que los mexicanos estamos acostumbrados a vivir bajo su vergonzante insignia.

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Y si volteamos al lado de los gobernantes, bueno, el fango y la pestilencia resultan insufribles. Aunque haya muchos que solo se tapen la nariz o bien, están tan acostumbrados a la fetidez $$$, que ya ni gestos hacen.

En una encuesta publicada por el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), queda de manifiesto que a pesar de que la mayoría de los mexicanos cree que se debe cumplir la ley, uno de cada tres piensa que es de tontos cumplirla. Otro dato, más de tres cuartas partes (79%) de los encuestados están conscientes que dar obsequios y dinero para agilizar trámites de gobierno es corrupción y considera que el acto merece castigo, pero lo siguen haciendo. Y si a la corrupción descrita le suma usted la impunidad, pues estamos aviados para el despeñadero.

Se acaba de fugar “El Chapo” Guzmán… ¿Cómo se fugó? CON CORRUPCIÓN, con océanos de ilegalidad consentida $$$ que privan en este País. La historia de las “condiciones” en que se dio el escape del hampón constituye un insulto a la inteligencia. ¿A quiénes van a sancionar? A algunos segundones, si acaso. 

La impunidad debe atacarse desde el más alto nivel, sino NO SIRVE. Ni siquiera hace falta hacer más leyes, las tenemos en este País por miles, el problema es que no se cumplen, no se aplican con todo su rigor a quienes las violentan. La ley, como expresa Fernando Savater, “debe proteger los derechos elementales de la ciudadanía, pero SOBRE TODO, debe castigar la impunidad, pues es el factor más agresivo de la desmoralización social”.

El jueves de esta semana acudió a invitación de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, el Gobernador de Oaxaca, y en un diálogo abierto, ante la problemática que se vive en su entidad, propiciada por los eventos de la CNTE con motivo de su rechazo a la reforma educativa, a pregunta expresa de qué acciones se han tomado en su administración para sancionar las conductas perpetradas por el magisterio en comento en perjuicio de la comunidad, contestó que había “como 20 detenidos”… ¿Y? No hay un solo despedido, aunque la ley General de Educación establezca que esto se produce con tres faltas del docente, se les sigue pagando como si estuvieran dando clases, no hay sanción alguna por los innumerables daños y perjuicios causados a la economía de terceros, ya no se diga al que le han venido infligiendo a los niños que dejaron a la deriva. En Huatulco, la ciudadanía hizo frente común; la ciudadanía, no la autoridad, y los maestros no entraron al puerto a realizar los desmanes que acostumbran. Se duele el Gobernador de que no tiene el número suficiente de policías para encararlos, pero en Huatulco le demostraron que hasta sin policías se puede. 

El gobierno de Peña Nieto no ha calibrado la magnitud de la vulnerabilidad en que están las instituciones a su cargo. Le tiembla la mano para simple y sencillamente aplicar la ley. Lo mismo les sucede a los gobernadores. ¿Qué sigue? ¿De qué lado están? A los mexicanos que pagan impuestos, que cumplen cabalmente con la ley, que se esfuerzan todos los días con trabajo HONESTO por sacar adelante a sus familias, les va quedando más claro, MERIDIANAMENTE CLARO, que del suyo, no están.


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