De «Memes», Guerra sucia y otras cosas

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Un término de moda en español es un anglicismo: meme. Pero ¿qué es un meme, y cómo lo interpretamos ahora? Su significado original, en inglés, es muy amplio, tratando de comunicar algo de manera divertida. “Unidades discretas de conocimiento, chisme, chiste y cosas así”, define “meme”, en inglés, el diccionario Merriam-Webster, agregando que se trata de cosas divertidas o interesantes.

Pero en nuestro medio lo hemos concretado a mensajes, caricaturas, imágenes alteradas que debiendo hacer reír, se han acentuado como ataques, mentiras, burlas e injurias. Cuando se utiliza en el medio político, se ha utilizado en mucho como forma de guerra sucia, aunque sin dejar de ser una forma de burla o de denuncia, pero que pone en vergüenza a algún personaje, grupo o partido políticos.

El meme en el medio político de México, se ha utilizado de esas varias formas, sea para poner en evidencia errores, declaraciones o acciones reprobables o al menos discutibles en su valor social o para abiertamente denostar al adversario, sea en lenguaje, dibujos u otras imágenes, alteradas o no. Guerra sucia, pues. Pero cuando se recurre a la guerra sucia, lo que se debe esperar es la represalia. Los ataques políticos generan contraataques políticos y hasta personales.

Cuando uno se ve a sí mismo o a su organización (formal o informal) como el “bueno” de la película, es decir quien está en lo correcto y actúa de buena fe, recurrir al meme denostador o injuriante, es estar cayendo en falta a su propia dignidad y en guerra sucia que va y viene. Lo mismo vale para los llamados cartones editoriales.

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Si se quiere denunciar al contrario por lo que hace o dice que sea contrario al interés público, es decir al bien común, a la verdad, a la moral y a las buenas costumbres, el “bueno” no debe utilizar esos ataques que conocemos como memes en su mal sentido.

En las mismas formas o memes se pueden hacer todas las denuncias, reclamaciones y respuestas, réplicas o comentarios, también en forma de mensajes sucintos, caricaturas, cartones, imágenes comentadas o con señalamientos gráficos (pero no alteradas de mala fe). Todo ello sin que se trate de injurias, mentiras o difamaciones personales o grupales. El “bueno” no se puede rebajar al bajo nivel del “malo” de la película.

Muchas veces, la estrategia del meme “correcto” es hacer notar, sin alteraciones, los errores, mentiras o tonterías de un actor político. Es decir ponerlo en evidencia, publicitándolo, pero sin alterar nada, sólo señalando aquello que vale la pena hacer notar, ver y considerar para sostener, modificar opiniones del ciudadano de a pie. Un comentario a lo dicho o hecho mal del otro, como decir “miren nomás”, es suficiente, o que la imagen o lo dicho no necesitan comentarios.

Hay una vieja afirmación, falsa, por supuesto, de que en la guerra y en el amor “todo se vale” y también es falso que “el fin justifica los medios”. Todo ello inaceptable, y en la guerra, o mejor llamémosla competencia política, la guerra sucia no puede tener lugar, ni siquiera para responder injuria con injuria, mentira con mentira. Las réplicas a esos ataques deben de responderse de forma digna, clara y convincente, sí con buen humor, pero no basura contra basura.

La verdad se impone si se divulga con inteligencia e imaginación creativa en materia de comunicación, sea verbal o escrita. Al meme “malo” se responde con el meme “bueno”, evitando la guerra sucia entre las partes, que eso malo quede en un solo lado, no en el propio. Eso es calidad humana, y además buena estrategia.


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