Cumbre de las Américas: prosperidad con equidad y libertad

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El día de ayer (11 de abril) culminó la VII Cumbre de las Américas, una Cumbre que tuvo como rasgo distintivo el acercamiento de Estados Unidos y Cuba, que históricamente se han contrapuesto en los campos económico y político. El asunto no es menor, porque durante décadas se puso en riesgo la paz y la estabilidad en la región por este conflicto. La situación se polarizó de tal manera que se han constituido bloques en torno a esos dos países disminuyendo las posibilidades de integración y de progreso entre nuestros pueblos.

Sin embargo, el desarrollo de Latinoamérica requiere de mucho más que gestos diplomáticos de distensión y cordialidad. Nuestros países enfrentan grandes desafíos, sobre todo, ante el fin de una época de altos precios de las materias primas que la región ha producido, lo cual permitió reducir la pobreza, pero no logró incrementar la productividad ni la igualdad.

Hoy América Latina enfrenta un ciclo de crecimiento mucho menor, que este año en promedio será de alrededor de 1%, con lo cual se verán frustradas las oportunidades de millones de familias, especialmente las que se encuentran en situación vulnerable.

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Alicia Bárcena, secretaria de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), señaló, durante su intervención en la Cumbre, la necesidad de replantear el modelo de desarrollo con nuevas formas de inclusión que permitan detonar una prosperidad con equidad. A pesar de que nuestra región redujo la pobreza de 48% en 1990 a 28% en 2014, los niveles de desigualdad siguen siendo los más altos del mundo, por encima, incluso, de los de África,según el coeficiente Gini. Aunado a ello, los salarios continúan siendo muy bajos dado el escaso nivel de productividad y de valor agregado.

Una real y decidida apuesta por la educación y la innovación; el impulso de políticas sociales eficaces y de una estructura tributaria más justa; nuevas formas de producción y desarrollo tecnológico; la diversificación de exportaciones y la incursión en nuevos mercados serán determinantes para el tránsito de una sociedad de consumo excluyente a una sociedad de bienestar incluyente. Pero ello no lo puede hacer solo el gobierno, se requiere de una nueva ecuación entre Estado-mercado-sociedad con variadas modalidades de participación y gobernanza.

Asimismo, los desafíos económicos y sociales deberán ser acompañados por el esfuerzo de aumentar las capacidades institucionales. Sin Estado de derecho, el desarrollo siemplemente es imposible. El combate a la corrupción y la puesta en marcha de mecanismos de rendición de cuentas son fundamentales para reducir los altos niveles de impunidad, de evasión fiscal, de mal uso de los recursos, todos ellos factores que afectan a las instituciones y al desarrollo.

En el marco de la Cumbre, los presidentes de México, Brasil y Estados Unidos plantearon las acciones que la región debe realizar para lograr una mayor integración y salir del estancamiento económico, como el impulso a las pequeñas empresas, al desarrollo de la tecnología y a sistemas de educación continua de alta calidad. Además, reconocieron que la debilidad del Estado de derecho mina seriamente la atracción de inversiones y la generación de empleos.

En este marco es necesario asumir un compromiso mayor con la democracia y el respeto a los derechos humanos de cada habitante de las Américas, sin importar su origen, color de piel, preferencias, posiciones políticas o ideas y hacer realidad la Carta Democrática Interamericana que en su artículo primero afirma: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de proponerla y defenderla”. Sólo respetando esta Carta podrá evitarse la violación a los derechos humanos que es patente y sistemática en diversos países, como Venezuela y Cuba. Y evitaremos el doble discurso en esta materia: alzando la voz en contra de las violaciones a los derechos de ciudadanos sirios o palestinos pero callando con una complicidad culposa frente a lo que sucede en nuestra propia casa. Sólo siendo coherentes con la Carta y asumiendo la democracia como forma de vida podremos aspirar a una auténtica prosperidad con equidad y libertad.


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