Corrupción como agravio

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Los movimientos sociales necesitan una fuente de energía. En el pasado glorioso de Europa o los Estados Unidos, la energía tenía un origen positivo, como la conquista o el progreso económico respectivamente.

En México lo que nos mueve, y no siempre, es algún tipo de agravio. En tiempos de Don Porfirio fue la injusticia social. El proyecto de país plasmado en la Constitución de 1917 y el pacto post revolucionario calmaron las aguas. No menos efecto pacificador lo tuvo la oposición leal representada por el PAN, partido que durante al menos tres décadas mantuvo a raya su apetito de poder.  

Eran los tiempos del milagro mexicano, de crecimientos económicos anuales sostenidos del PIB del siete por ciento. Sin embargo, a partir de Echeverría importamos la socialización del capitalismo de Estado, los planes centralizados y mejoramos el arte de pedir prestado y gastar sin ton ni son.

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La rebelión se dio principalmente en las urnas, la gente buscando poner orden a través del PAN, solo para encontrar que teníamos democracia de pico, no de verdad.

En los ochentas surgió el fraude electoral como un nuevo agravio de significativa importancia. Esa energía, lamentablemente fue canalizada para construír una especie de amortiguador social llamado COFIPE que le compró valiosos tiempo al PRI y lo insertó en un nuevo esquema llamado la partidocracia.

Además de legitimar el acceso a mile s de millones a repartirse entre los partidos, el esquema del COFIPE nació como una alianza de facto entre PRI y PAN con el fin de parar el avance de la izquierda. Pero el intercambio de favores también lo estableció el PRI con la izquierda cuando se trataba de obstaculizar al PAN, como sucedió en los sexenios de Fox y Calderón.

Al poco tiempo, se hizo tan complejo el intercambio de favores que el único lenguaje que logró establecerse fue el de la tolerancia hacia la corrupción. Tu me rascas la espalda y te rasco la tuya. Tu me tapas hoy, yo te tapo mañana.

Sin exagerar, la partidocracia ha salido mucho más cara de lo previsto. Los partidos no solo reciben toneladas de billetes sin nedesidad de despeinarse. Los subsidios en tiempos oficiales de televisión son varias veces más cuantiosos que los cheques.

La gran estafa, sin embargo viene de dos fuentes difíciles de contabilizar. Por un lado la falta de  efectividad y nula eficiencia de las acciones gubernamentales. Ejemplos son la impunidad y la inseguridad.

Por otra parte, cada vez más lacerante aparece la gran corrupción.

Estamos hablando de una corrupción que compite en campeonatos mundiales con la de paises africanos con Nigeria. La lista es interminable, y cada día que pasa se dan nuevas noticias que sobrepasan en escándalo a las anteriores.

Gobernadores que literalmente asaltan las tesorerías de los estados a su cargo. Diputados que se clavan los fondos federales o locales que controlan en el episodio de los moches. El mal ejemplo del presidente parece que es tomado como salvoconducto para toda la pirámide de poder.

Las dos administraciones panistas nada hicieron para cambiar los problemas estructurales. La permanencia de los corruptos líderes sindicales es prueba sobrada de que la corrupción no recibió prioridad alguna. Ahora con el regreso del PRI, la corrupciòn tomo una dimensión tal que por fin se convirtió en el gran agravio que está motivando un rechazo generalizado.

El PRI está pagando las consecuencias, por ahora, pero los demás partidos no pueden sentirse exentos. La corrupción como el mayor agravio social, inclusive por encima de la desigualdad social llegó para quedarse. Mientras haya corrupción ningún gobierno será efectivo.


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