Corral y la rebelión de las bases

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La contundencia de las cifras indica que a los tres partidos “grandes” no les fue bien en las elecciones del 7 de junio de 2015. La minoría mayor, el PRI, no rebasó 30 por ciento de la votación federal, pues apenas alcanzó 29.18 por ciento, la segunda votación más baja de su historia. El PAN, con su escuálido 21.01 por ciento, tuvo su votación más baja desde 1991, cuando sólo consiguió 16.8 por ciento; por su parte, el PRD también resintió pérdidas con su magro 10.87 por ciento.

En esas condiciones, PAN y PRI llegan debilitados a la renovación de sus dirigencias, si bien se dará en circunstancias diferentes en cada partido. Por el lado del PRI, hay un aspirante con trayectoria y fuerza política para encabezarlo: Manlio Fabio Beltrones, quien ha ocupado diferentes puestos, entre ellos la gubernatura de Sonora y la coordinación parlamentaria en las dos cámaras del Congreso.

Sin embargo, es bien sabido que Beltrones no goza de la total confianza del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto. Evidentemente, Beltrones quiere usar la dirigencia del PRI como escalón hacia Los Pinos, pero esta posibilidad le restaría margen de maniobra al Presidente, quien naturalmente desea tener la última palabra en la nominación del candidato presidencial priista. Es obvio que Peña Nieto no quiere repetir el episodio de su sucesión en el Estado de México, donde su candidato no era Eruviel Ávila, pero hubo de aceptarlo ante el riesgo de una división partidista.

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César Camacho Quiroz, actual líder priista, podría continuar en el puesto, pero esto equivaldría a que renunciara a coordinar a su grupo parlamentario en San Lázaro, pues la tradición priista establece que los dos cargos no recaen en la misma persona. ¿Cómo resolverá Peña Nieto este asunto? Será interesante verlo, seguramente antes de septiembre.

En el frente del PAN, la competencia se reactualizó con la postulación del senador Javier Corral Jurado, después de que Margarita Zavala desistió de buscar la dirigencia partidista y, en cambio, anunció que buscaría la candidatura para la Presidencia de la República.

En trayectoria y reciedumbre, Corral supera con mucho al joven candidato “oficial” Ricardo Anaya, quien llegaría al liderazgo panista con el sello del actual presidente Gustavo Madero, en un ambiente en que el partido, antes adalid de los principios éticos, ha soslayado evidentes casos de corrupción de parte de sus gobernantes y legisladores. No sólo eso: durante la pasada campaña comicial, el PAN se desdibujó como partido de oposición y mostró una debilidad palmaria, al grado de que no utilizó, como bandera proselitista, los escándalos inmobiliarios del Presidente y algunos integrantes de su gabinete.

Si los panistas quieren militar en un partido de genuina oposición, tendrían que elegir a Corral como presidente, pero es claro que los sectores más derechistas del PAN temen que se instale un liderazgo más de centro que de derecha.

Corral ha presentado en el Senado posiciones vigorosas e incluso de confrontación con las políticas públicas y ha sido un agudo crítico en el Consejo General del INE, donde es consejero del Poder Legislativo. Además, se ha enfrentado directamente con el gobernador de Chihuahua, su estado natal, César Duarte, acusado de financiar con fondos públicos un banco privado en el que es accionista.

Javier Corral convertiría al PAN en lo que fue antaño: un partido de oposición fuerte, crítico y dispuesto a no ser dúctil con el Poder Ejecutivo. En tanto, el queretano Anaya muy probablemente conduciría lo que en el pasado se conoció como “una oposición leal”, lo cual le conviene mucho al gobierno, sobre todo cuando el jefe del Estado está muy mal evaluado en prácticamente todas las encuestas.

No obstante, Corral tendrá que enfrentarse a la maquinaria del partido controlada por Madero y así se entiende que haya convocado a la “rebelión de las bases”. Una y otra vez, desde que anunció su decisión de competir, Corral ha dicho con pocas variantes que  “ante la demolición política y ética que vive el PAN, ¡armémonos y organicemos la rebelión de las bases! Es rebelarnos contra la cargada, la línea, el compadrazgo, la injusticia, la corrupción. ¡Está en los orígenes del PAN el espíritu rebelde!”.


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