Como si nada pasara

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Esta semana no hubo día en que el DF no estuviera bloqueado, sitiado, secuestrado, ocupado, inundado y lleno de propaganda

Además de los padecimientos cotidianos y las muchas agendas pendientes, esta semana que termina fue una de esas, como decimos los chilangos, “de locos”, porque no hubo día en que la capital del país no estuviera bloqueada, sitiada, secuestrada, ocupada, inundada y hasta el copete de propaganda electoral.

Un día, centenares de taxistas desquiciaron durante siete horas el tránsito vehicular en puntos neurálgicos de la ciudad; desafiaron a la autoridad que no se animó a sacar el tolete como sí lo hizo cuando los maestros de la CNTE bloquearon Periférico.

Pero esta vez, y que nadie suponga que por intereses electorales, consintieron la ocupación y que los propios taxistas lograran arrinconar al incapaz de Rufino H León, secretario de Movilidad del DF, en la exigencia  para que las aplicaciones Uber y Cabify dejen de operar como otra opción de transporte particular.

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Al siguiente día, los taxistas le cedieron la escena a cuatro marchas simultáneas por los ocho meses de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa. Sin respiro y por tercer día de colapso consecutivo, el secuestro de la vialidad lo protagonizaron Antorcha Campesina y la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), en tres días alrededor de 42 mil 500 personas ocuparon la vía pública para expresarse. Además, las sendas tormentas e inundaciones que azotaron la capital y, como saldo colateral, dejaron un muerto y ocho heridos.

El conflicto de los taxistas es, por ejemplo, uno de los temas que se deberían haber resuelto a mitad de semana, pero pese a la urgencia de desactivar un conflicto que puede derivar en enfrentamientos violentos, pues resulta que no se pudo porque los legisladores locales del PRD y del PRI no se presentaron a trabajar.

El miércoles debió sesionar la Diputación Permanente en la ALDF; el PAN tenía importantes puntos como el exhorto a la Secretaría de Movilidad, a la Consejería Jurídica y de Servicios Legales, a que realicen las mesas de trabajo entre taxistas, Uber y Cabify, con la finalidad de resolver el conflicto que afecta las vialidades de la ciudad, o el llamado al gobierno y líderes de los partidos políticos, para tomar medidas y erradicar la violencia en las campañas.

Sin embargo, los asambleístas del gobierno prefirieron reventar la sesión que trabajar, violar la ley y darse el día: debemos suponer que atender sus campañas políticas en pos de nuevas chambas es más importante que el encargo y los temas para los que fueron elegidos por la ciudadanía.

Es un hecho que no les interesan las necesidades de los habitantes de la ciudad, mucho menos dejar plantados algunos vecinos que acudieron a la sesión esperando salir de la ALDF con una solución a sus problemas. Este es el verdadero estilo amarillo de gobernar y legislar, maestros del disimulo, hacer como si nada pasara aunque el agua llegue hasta los aparejos.

Aunque eso sí, qué tal el fin de semana, cientos de miles de pesos invertidos en escenarios y grupos musicales, dueños de la plaza pública, desde la misma plancha del Zócalo hasta parques y deportivos, echando la casa por la ventana, en los cierres de campañas, mientras los capitalinos sortean un día con otro ocupaciones, sitios y tormentas.


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