Ciclistas en riesgo

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Las políticas han sido insuficientes para garantizar su seguridad, pese a ser uno de los ejes rectores bajo los cuales se construyó el marco normativo en la materia.

En la Ciudad de México la cultura del uso de la bicicleta como alternativa real al transporte individual avanzó más rápido que la capacidad de adaptación y reacción del gobierno para generar infraestructuras adecuadas que garanticen la seguridad, así como educación vial y de respeto por parte de los automovilistas.

Las consecuencias no se hicieron esperar, son visibles y lamentables: las muertes de ciclistas que fueron atropellados porque se invadió su espacio, porque no se les respetó, porque no se cuidó de ellos. Tan sólo en la semana fuimos testigos de dos trágicas muertes de ciclistas que fueron arrollados al transitar en la ciudad.

El fenómeno social del uso de la bicicleta es más que una moda. El PAN lo entendió e impulso la Ley de Movilidad. El problema es que el DF tiene una Ley de Movilidad de primera para una ciudad de cuarta.

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Las políticas han sido insuficientes para garantizar la seguridad de ciclistas pese a ser uno de los ejes rectores bajo los cuales se construyó el marco normativo en la materia.

Los hechos respaldan la premisa. En lo que va del año se han registrado por lo menos 310 incidentes con usuarios de Ecobici y, por supuesto, la trágica muerte de Montserrat Paredes, el más reciente accidente entre quienes usan este sistema de transporte.

Es cierto: se requieren más recursos para la Secretaría de Movilidad. También trabajo técnico especializado que no incluya ocurrencias ni improvisaciones; tampoco poses o banderas de unos cuantos. Lo que está en juego es la vida de quienes han optado por subirse a la bicicleta como opción de transporte.

No basta con sólo cambiar las reglas y pintar una cuantas rayas. Estamos hablando de un profundo cambio cultural de las autoridades y de los ciudadanos. Cada quien debe ser libre de optar por el modo de movilidad que mejor le acomode, pero, al mismo tiempo, debe haber conciencia de que todos pueden y deben convivir en el mismo espacio, por más complicado que parezca.

Está claro que ante la lenta respuesta de las autoridades, los ciudadanos deben cuidarse entre sí. El fomento al uso de la bicicleta, la promoción de infraestructura, así como las exigencias de respeto han venido de organizaciones civiles. No es la autoridad quien ha puesto el tema en el centro del debate.

Si el GDF sigue impulsando políticas correctivas, improvisadas y sin presupuesto, el resultado son sólo ocurrencias que han cobrado la vida de ciclistas y lo seguirán haciendo.

Es momento de que transiten a la prevención, de la improvisación a la educación y al carril de las políticas responsables, pero, sobre todo, al fomento decidido de una nueva cultura de respeto entre los ciudadanos.


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