Brindis navideño de gobierno

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Como en cualquier oficina que se precie de serlo, estos días son también de jolgorio, alegría, fraternidad y compañerismo en Los Pinos y en las oficinas de los titulares del gobierno. La Navidad no deja escapar a nadie, su espíritu todo lo invade. Así, pues, que van llegando los invitados al tradicional brindis navideño con el señor Presidente y sus colaboradores.

Se puede uno imaginar el nacimiento en la residencia oficial. Nada de pesebres y miserias como en otros años. En esta ocasión el niño ha nacido en una casa blanca que cambia de colores en sus patios y alrededores. Hay una alberca. Por supuesto no hay pastorcillos.

Ahora el niño Dios es güero y no trae pañal, sino un uniforme del colegio Miraflores y espera a sus invitados en una terraza lounge. En vez del buey y el asno, están dos caballos árabes y uno andaluz que bebe agua. Los tres Reyes Magos fueron sustituidos por dirigentes del Partido Verde en finos trajes que se encaminan con centenarios, contratos de Higa y dinero en efectivo. La estrella que han seguido y que se posa encima de donde está el niño elegido dice: Viva Toluca.

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Los invitados no dejan de sorprenderse con el buen gusto y la creatividad. «Más que Belén, a mi me recuerda Malinalco», dice satisfecho Luis Videgaray ponche en mano. «Aunque claro, le hace falta su cancha de padel».

Los asistentes se acercan a la salutación regalo en mano. La mayoría son cajas que caben en una mano: son relojes. Todos saben que a los priistas les encantan los relojes no dejan uno ni aunque sea chino y esté descompuesto. De pronto, el Estado Mayor descubre a alguien con un paquete sospechoso. Piden el nombre al individuo. Se trata de Salvador Jara, subsecretario de Educación que asiste por primera vez al evento y que es reportado a su superior, Aurelio Nuño, a quien ya nadie de sus compañeros le habla y se encuentra en un rincón hurgándose la nariz. Una vez informado por el EMP, se dirige rápidamente a Jara y lo saca del brazo de la fila de felicitaciones.

—¿Qué te pasa estúpido, quieres que te cesen? ¿Qué traes ahí?

—Un libro, le voy a regalar un libro —dice Jara.

—Trae para acá —le suelta Nuño mientras le arrebata el sospechoso objeto y se lo da a un escolta.

Mientras tanto, se pueden apreciar legisladores priistas, evidentemente colados, que hacen montón en la mesa en que salen los tragos e impiden la salida de meseros, hasta que son llamados al orden. Sigue la salutación y se acerca el titular de la Semarnat a saludar.

—Mucho gusto —le manifiesta el Presidente, quien llama a una edecán y le dice: «Por favor, cuando vengan desconocidos avísenme para saber algo de ellos».

Finalmente todos se reúnen en torno al Presidente, se desean «todo género de parabienes» —que es como ponen en sus tarjetas— y brindan por la salud del Presidente. La mayoría se retira tranquilamente sabedores de que en algún espacio diferente, se lleva a cabo la segunda parte del brindis solo con los más cercanos. Hacen votos para ser un día como ellos.


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