¡Ay nanita!

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Por: Julio Faesler

Esta semana la señora Katherine Tai, representante para negociaciones comerciales del gobierno norteamericano, anunció el arranque de trabajos de la Comisión de Libre Comercio, órgano del T MEC, que es el instrumento que “modernizó” para el Siglo 21  las relaciones comerciales entre los tres países signatarios.

Según la propia funcionaria esta reunión es “el primer paso hacia la plena realización de dicho Acuerdo en la construcción de una política comercial incluyente de Norte América, para auspiciar el crecimiento amplio y equitativo que promoverá la innovación, la protección de nuestro medio ambiente compartido y apoyará a todas las personas sin excepción”.  

Sin esperar más la reunión se anunció el 15 de mayo y   se realizará por “zoom” el 17 y 18 de mayo. A ella, asistirán la Secretaria de Economía Tatiana Clouthier y su colega canadiense Mary Ng.

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Es interesante observar la premura con que la señora Tai uno de los nombramientos del presidente Biden que ilustran el interés que tiene de lucir su equipo de trabajo que incorpore todos los estratos y sectores y así expresar la unidad nacional. No hay tiempo que perder para echar a andar el lema de que, después de Trump, Estados Unidos ya regresó. Tampoco hay tiempo que perder cuando están en juego muchos intereses contrapuestos en el interior de Estados Unidos y el escenario externo no puede estar más complicado con la realidad económica y política de China con inmensos recursos y una vasta población. La acción de Rusia, acusada de la perversidad por haber influido en las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos y que hace todo lo posible por recobrar la importancia de la ya perdida  URSS.

A dos años cumplidos de la administración actual en México, han venido surgiendo una tras otra serias desavenencias de visión sobre asuntos específicos y de gran alcance. Hay dudas respecto a las políticas que el gobierno mexicano traza en cuanto a las fuentes y el carácter de los energéticos y su desprecio a lass energías  renovables, tema inevitable en relación con el inaplazable reto del cambio climático. Existen además reclamos insistentes en los círculos empresariales norteamericanos sobre las prácticas de contratación de obra pública. El campo laboral mexicano no está sin problemas con la desatención a los derechos sindicales en empresas internacionales establecidas en México.   

Por ser miembro del TLCAN, ahora T MEC, los norteamericanos suponen que México se encuentra incorporado en el gran plan, no norteamericano,  sino de Norte América, es decir, la gran estrategia que cubre todos las facetas económica, militar, agrícola, industrial, laboral, financiera y desde luego, la más importante, la geopolítica, con las que se construye y consolida el bloque que, a no ser por la realidad de China, le asegura la hegemonía mundial.

A la luz de este escenario, nuestro papel será simplemente la de asimilarnos a la gran estrategia o bien, mantener la independencia que corresponde a una nación que es la sexta en población y significativa en el comercio internacional. ¿La llave está en cerrada imbricación a la que aspiramos con cadenas de valor que se tienden entre nuestros dos países gracias a las inversiones transnacionales apátridas en las que algunas antes orgullosamente mexicanas se han diluido?Mantener y proteger la identidad y personalidad cultural de nuestra juventud nacional fortaleciendo los talentos científicos, artísticos y el respeto a costumbres y tradiciones que es, en último término, la tarea que compete a cada generación y es la razón que anima a todo ser humano a realizar su potencial, una vez que ha resuelto sus necesidades elementales de alimento, salud y trabajo. De hecho cada mexicano decide a diario la relación con Norteamérica que quiere para México, sin perder la oportunidad de ser miembro del tratado norteamericano que ya nos ofrece ofrece grandes ventajas muy tangibles sin perder nuestra fisonomía nacional.

Las elecciones del 6 de junio marcan el comienzo de un nuevo capítulo en la vida política de nuestro país. Defender el valor de nuestras instituciones políticas constituye la preocupación del mexicano en esta coyuntura.

A la vez se inician las conversaciones claras sin ambages con nuestro socio sobre temas casi igualmente delicados que ¡ay, nanita!

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