sábado, julio 25, 2026
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De Votos: Sheinbaum se va a China

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Ahí va el gringo otra vez con su manía de apretar tuercas. Trump, el mismo que prometió hacer América grandota otra vez, ahora le pone aranceles del 10 al 12.5 por ciento a medio mundo, y México no se salva. Ni el TMEC le alcanza de escudo completo. Productos que no cumplan con sus nuevos caprichos sobre “trabajo forzoso” van a pagar el peaje, y ya se huele el reguero en las maquilas, el campo y lo que se mueva hacia el norte. Como si no bastara, el tipo sigue con su cruzada de seguridad: mira a los cárteles como si fueran el demonio personal y amenaza con más presión fronteriza, más señales de que “o cooperan o les cae la del estribo”.

¿Y qué hace la presidenta Claudia Sheinbaum? Pues se alista para irse a China, a la cumbre del APEC en noviembre, y de paso anuncia más acercamiento con el principal rival estratégico de Estados Unidos. Plan China por aquí, turismo chino por allá, sonrisas con Xi Jinping… todo muy soberano, muy multipolar, muy “México no se arrodilla”. Bonito discurso. El problema es que el vecino del norte no está de humor para teatro.

Trump no es de los que se tragan la pastilla del “respeto mutuo”. Si ve que México se acerca demasiado al enemigo número uno de su narrativa, las represalias no van a llegar con flores. Más aranceles, más trabas comerciales, más presión en seguridad y en migración. Y aquí no hay nacionalismo de pecho hinchado ni gritos de soberanía que nos salven el pellejo. El ochenta por ciento de nuestras exportaciones se van a Estados Unidos. China puede comprarnos aguacates y tequila, pero no va a absorber el golpe de una guerra comercial seria con el gringo.

Es como si te estuvieran cobrando la renta y tú te vas de fiesta con el cuate que le debe dinero al casero. Se ve muy independiente, sí, pero cuando llegue el cobrador con los billetes en la mano, el “no me dejo” no paga la luz ni mantiene el empleo de la gente. Sheinbaum tiene derecho a buscar opciones, nadie lo niega. Pero jugar al equilibrista entre el tío Sam y el dragón chino en este momento huele más a provocación que a estrategia fina.

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Al final, el que padece no es el discurso de la mañana ni las fotos con banderas, sino el de a pie que ve cómo se encarece todo y se complican los negocios. Trump va a responder, y cuando lo haga, ni el himno ni los discursos de dignidad van a detener el golpe. Ojalá en Palacio se den cuenta antes de que el costo lo paguen todos los mexicanos, otra vez.

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