lunes, agosto 3, 2026
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Sheinbaum y TV Azteca: contradicciones en pantalla

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La política y el fútbol comparten una virtud incómoda: ambos exponen contradicciones que en circunstancias ordinarias permanecerían ocultas. El partido inaugural del Mundial 2026 entre México y Sudáfrica no solo puso a prueba a la Selección Nacional dentro del campo; también sometió a escrutinio la congruencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

El antecedente es conocido. Durante su conferencia matutina del 25 de mayo de 2026, la presidenta recomendó públicamente «no ver TV Azteca» en el contexto de una disputa con el colectivo «Mexicanos al Grito de Paz», señalado de tener vínculos con el empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño de la televisora. La declaración no fue un comentario casual: fue una instrucción desde el podio presidencial, acompañada de ironía y anticipando la reacción del empresario.

TV Azteca respondió acusando a la Cuarta Transformación de intentar «boicotearlos y destruirlos», y afirmó que el llamado de Sheinbaum sería inútil porque «hay millones de mexicanos que sí ven TV Azteca.» Salinas Pliego celebró un rating histórico en la televisora días después, atribuyéndolo en parte a la polémica generada por las declaraciones presidenciales, e ironizó en redes sociales: «En Palacio Nacional te dicen que hagas una cosa y ellos hacen otra.»

La sentencia resultó profética. El 11 de junio, la presidenta Sheinbaum presenció el partido inaugural desde el Deportivo Hermanos Galeana, en la alcaldía Gustavo A. Madero, acompañada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada. Lo que la imagen oficial no mostró fue el detalle más revelador: en la organización del evento se aseguraron de no poner la transmisión de TV Azteca, televisora con la que la mandataria mantiene constante tensión. El partido se siguió, según todo indica, a través de las señales de TelevisaUnivisión —competidora directa de Azteca— que también transmitió el encuentro en señal abierta.

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El episodio abre varios frentes de análisis. El primero es institucional: una presidenta que recomienda no ver un canal de televisión ejerce una presión implícita que, en un Estado democrático, roza los límites de la libertad de expresión, independientemente de cuál sea el contenido de ese canal. El segundo es de congruencia: si la recomendación presidencial tenía el propósito de ser una orientación legítima para la ciudadanía, el hecho de que el evento oficial haya sido organizado evitando deliberadamente esa señal confirma que el diferendo es político, no editorial.

El tercer frente es político-comunicativo: Sheinbaum eligió ver el partido a 22 kilómetros del estadio, en una alcaldía gobernada por Morena, lejos del Zócalo y del estadio, donde no había riesgo de rechiflas o abucheos, como los que captaron algunos aficionados en el recinto. La decisión puede leerse como prudencia o como cálculo.

Lo que ninguna imagen oficial puede borrar es la paradoja: el gobierno que pidió no ver TV Azteca organizó su propia transmisión para evitar precisamente eso, pero sin decirlo. Mientras tanto, millones de mexicanos vieron el triunfo del Tri, muchos de ellos con Martinoli, Luis García y Jorge Campos comentando los goles. Sin restricciones. Sin instrucciones presidenciales. Sin contradicciones.

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