70 años de Naciones Unidas, los claroscuros

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El día de ayer, la ONU conmemoró su 70 aniversario. Edificios y monumentos emblemáticos de todo el mundo, como la Muralla China, la Torre de Pisa en Italia, el Templo de Hércules en Jordania o las grandes Pirámides en Egipto, se iluminaron de azul para celebrar siete décadas de cooperación internacional en pro de un mundo mejor.

En estos años el esfuerzo multilateral de los ahora 193 países que integran la organización ha generado logros muy importantes para materializar el ideal de humanidad al que aspiramos. El solo hecho de haber logrado acuerdo sobre ideas y conceptos como el de desarrollo o el de los derechos humanos es notable. En ese sentido es que en palabras del secretario general, Ban Ki-moon, “las Naciones Unidas siguen siendo faro y guía para toda la humanidad”.

La Carta de la ONU de 1945 ha resultado en la creación de normas, mecanismos e instituciones para atender prácticamente cada necesidad humana. Ya sea que hablemos de desarme nuclear o de cambio climático; de salud, educación y combate a la pobreza; de igualdad entre los géneros o migración; del Estado de derecho o el combate a la corrupción, la lista es infinita. La ONU, además de ser el foro para dirimir conflictos políticos, es punta de lanza para la generación de políticas públicas que han ido transformando la vida de muchos.

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Sin embargo, la organización está aún lejos de la eficacia necesaria para afrontar los enormes y complejos desafíos de nuestra época, como el cambio climático, la desigualdad, el crimen organizado, el terrorismo o los conflictos armados. Parte de sus limitaciones tienen que ver con un diseño institucional que aunado a los intereses políticos de los miembros, muchas veces impide a sus órganos actuar con la celeridad y contundencia necesarias.

Específicamente, el Consejo de Seguridad responsable de actuar frente a guerras como la Siria o frente al conflicto palestino-israelí sigue funcionando bajo las reglas de 1945. La reforma al Consejo resulta indispensable ante una nueva distribución internacional del poder, el surgimiento de amenazas como el Estado Islámico y la incapacidad de algunos Estados de proteger a su población. Estas nuevas realidades exigen restricciones al uso del veto (como lo propone México y varios países, en casos de crisis humanitarias) y una nueva integración más representativa que lo dote de legitimidad. Otro ejemplo es la Conferencia de Desarme que no ha aprobado ni implementado un programa de trabajo desde 1996. Si bien ésta sigue reuniéndose, no ha cumplido con su mandato ni realizado trabajos sustantivos en casi 20 años. Las razones de fondo de la parálisis como la negativa de varios países productores de armas nucleares a destruirlas y no seguir produciéndolas, se esconden bajo discusiones interminables sobre normas de procedimiento en vez de hacer frente a los asuntos verdaderamente sustantivos.

Con todo, la celebración de este año es muy especial por la adopción de la agenda de desarrollo más ambiciosa de la historia que, de cumplirse, llevará a la humanidad a nuevos niveles de bienestar y por las expectativas de adopción de nuevos compromisos sobre cambio climático. Por estas razones, y a pesar de sus insuficiencias, como dijera la frase célebre, si no existieran las Naciones Unidas habría que inventarlas, puesto que hoy el mundo es un lugar mejor para vivir gracias, en buena medida, a su intervención.


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