Vientos de cambio

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Hace más de 30 años, en una conferencia ante el Colegio de Abogados de Monterrey, hablé de El Derecho en la Era de las Computadoras. La gran mayoría de los abogados presentes me veían con total incredulidad.

Lo que me permití pronosticar, entre otras cosas, era que en un futuro no muy lejano, ya no estarían dictando a sus secretarias, sino que escribirían sus demandas y redactarían sus recursos en una computadora. Que además tendrían disponible toda la jurisprudencia de la Corte para hacer “copy-paste” de las ejecutorias. 

Muchos de mis colegas no admitían que ellos fueran a tomar el lugar de sus secretarias. Se les hacía poco varonil o pecaminoso rebajarse a teclear en un tablero, así fuera de un procesador de palabras. Eran los tiempos de la Apple 2 y las incipientes PC.

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Hoy no solo se hizo posible lo pronosticado, sino que hasta se puede dictar a una máquina directamente. Y con los teléfonos inteligentes es posible acceder a los acuerdos de los juzgados en forma electrónica.

Sin embargo, estos pequeños milagros de la tecnología palidecen frente a lo que todavía tenemos por delante. Ya escribí en otra ocasión sobre el proceso de “desintermediación”, que está permitiendo a los consumidores saltarse dos o tres niveles para adquirir en forma directa los productos que antes requerían visitar una tienda de departamentos.

Las grandes empresas líderes en tecnología vienen con ansias desbocadas a quedarse con mercados que aún no existen en las mentes de los consumidores.

Amazon está apoderándose del mundo virtual con sus servicios de web a un precio de ganga difícilmente superable. Muchos negocios van a migrar hacia internet por una razón sencilla: es más barato para todos.

Google viene muy duro con sus autos que se manejan solos. Quizá no el año que entra, ni en cinco años, pero el impacto de esta tecnología causará estrago en los empleos. Tan solo en Estados Unidos, se calcula que hay 11 millones de personas cuyos empleos están relacionados con conducir un vehículo.

Apple trae su nuevo sistema de pagos para evitar que los datos de las tarjetas de credito anden surcando los aires y haciéndose vulnerables al robo de identidad.

En un evento reciente del EGADE, fue presentada la economía circular que viene a hacer morder el polvo a más de una empresa. Vamos a tener desapariciones masivas de empresas dinosuarias, como si hubiera caído un asteroide aniquilador. El que no se adapte a la velocidad del rayo, se podría quedar sin mercado de un día para otro. Todo se va a eficientar de manera increíble, pese a quien le pese, caiga quien caiga.

Con el internet de las cosas, es posible que en lugar de venderse un auto, se rente únicamente. O los aviones o los barcos. Un chip permitirá seguirle la huella y saber cuándo sacarlo de circulación para mantenimiento, o para reciclarlo y generar otro nuevo. La eficiencia manda.

Como que nos falta imaginación para visualizar la rapidez con la que están llegando los cambios. Y es una revolución que viene de arriba, de abajo y de los lados. Aumenta la velocidad a la que se pueden llevar nuevos productos al mercado, porque todo está acelerado, desde el diseño hasta la producción.

Los bienes de consumo sufrirán también el efecto de la automatización programable. Cada artículo podrá ser diseñado a la medida del comprador. La explosión de posibilidades será tremenda. El número de empresarios va a crecer. 

Quienes van a perder van a ser los gobiernos y los bancos. Simplemente lo que ellos hacen se va a poder ir abaratando hasta un grado ridículo. Estos servicios se basan en procesar información y por ello la gente irá encontrando mecanismos para sacarlos de la jugada. Entre más pronto mejor.

Además, a medida que la gente agarre confianza en las nuevas tecnologías los vientos de cambio cobrarán más velocidad. Son tiempos excitantes.


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