Viejos, nuestros queridos viejos

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Es importante reconocerles el ímpetu de sus años mozos, la reciedumbre y las aportaciones de la madurez.

Tiene razón Federico Döring (Excélsior, 12 de octubre de 2014): “Las buenas ideas pueden, con voluntad política, traducirse en políticas públicas y leyes en beneficio de los habitantes del Distrito Federal”. Con estas palabras fundamenta la muy relevante iniciativa de ley presentada por Acción Nacional en la Asamblea Legislativa del DF, para que en cada delegación política de la capital del país haya al menos una Universidad de la Tercera Edad. Aplaudo la propuesta, la apoyo y felicito a sus autores.

Fue un viernes 27 de marzo de 2009, ejerciendo un servidor la jefatura delegacional en Benito Juárez, cuando tuve el honor de que la primera dama de México, Margarita Zavala, inaugurara la primera universidad para personas de la tercera edad, nuestros “queridos viejos”.

Tomamos como modelo una similar, creada en 1973 en Toulouse, Francia. Admito que el título de “universidad” sonó legítimamente ambicioso, porque sin tener  un sistema escolarizado, se trata de un centro de estudios para personas con más de 60 años de edad, que deciden libremente qué quieren aprender y el uso que le dan a ese conocimiento. Fue un concepto nuevo y muy exitoso, el primero en su tipo en todo México, que pronto fue retomado con igual éxito por otras delegaciones como Miguel Hidalgo y Cuajimalpa.

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En nuestra capital hay alrededor de un millón 100 mil personas con más de 60 años. De ellos, 13% (casi 150 mil), viven solos y son más mujeres que hombres. Además, la delegación Benito Juárez es la que tiene más abuelos: 16% de su población. Más allá de los números, se trata de un tema de profunda gratitud con nuestros adultos mayores.

La puesta en marcha de la Universidad de la Tercera Edad en Benito Juárez llevó dos años, pues todo se planeó y construyó ad hoc. Nos planteamos enriquecer la vida de nuestros viejos con cursos de lenguas extranjeras, superación, educación artística, informática, administración, historia de las religiones y economía. Pero sobre todo con convivencia, amistades, esperanzas y nuevos capítulos de vida en un espacio sin igual.

Lo importante es no perder de vista que todo cuanto podamos hacer por mujeres y hombres de la tercera edad, conlleva siempre un elemento que enriquece la calidad humana: la profunda gratitud. Es importante reconocerles el ímpetu de sus años mozos, la reciedumbre y las aportaciones de la madurez, pero también el disfrutarlos, convertidos en invaluables vertederos de sabiduría, experiencia y dignidad cuando llegan a la tercera edad. 

Brindar opciones de desarrollo a las personas en la edad de oro debe ser una prioridad de cualquier gobierno para ayudarles a sobrellevar la soledad en la mayoría de los casos, así como luchar contra el abandono y maltrato. No se trata solamente, como decía Gabriel García Márquez, de “hacer un pacto honrado con la soledad”, como secreto de una buena vejez. Sino que como sociedad y gobierno les tendamos la mano, a quienes en su momento nos dieron todo para salir adelante en el mundo. Y todo es todo: vida, familia, consejos, amor… Por eso la iniciativa presentada por el PAN en la Asamblea Legislativa debe ser aprobada sin reparos, hasta con entusiasmo diría yo. Nuestros adultos mayores se lo merecen.

¿Por qué y para qué?, me preguntarán. Y  yo respondo con una frase del talentoso filósofo y escritor vasco Miguel de Unamuno: “Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida, y no hemos de buscar que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será”.

 Además, terminaría diciendo y con el corazón en la mano.

Gracias.


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