¿Vale la pena votar?

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Si usted, apreciado lector, es de los millones de mexicanos que piensa que todos los políticos son iguales y que no está dispuesto a incluir como una de sus actividades del día de hoy el ir a hacer fila en su casilla para ir a votar, esta columna es para usted. No aspiro, por supuesto, a cambiar con unos cuantos párrafos la pésima imagen que, en general, la clase política se ha ganado a pulso pero, al menos, espero poder convencerlo de que no tomar, antes de las seis de la tarde del día de hoy, su credencial de elector y votar tiene más efectos negativos directos para usted y su familia de los que parece. El día de hoy se eligen en todo el país más de dos mil cargos públicos: nueve gobernadores, casi mil alcaldes y jefes delegacionales, 640 diputados locales y 500 diputados federales. 

Las consecuencias de no votar son de dos tipos, unas, de naturaleza teórica y, otras, prácticas. En cuanto a las primeras no abundaré mucho. Sólo diré que no votar es renunciar a ejercer un derecho que tardó décadas en conquistarse y que, literalmente, costó la vida de muchos que lucharon no sólo por que hubiera elecciones, sino por que éstas fueran de verdad, es decir, que no sólo se emitieran los votos sino que se contaran bien y se respetaran. En México existe hoy, realmente, la posibilidad de poner en un cargo al que una mayoría considere mejor o menos malo. Renunciar a este derecho equivale a renunciar a otros que, igualmente, han costado mucho, como el derecho a recibir una educación o servicios de salud por parte del Estado.

Las consecuencias prácticas de no votar son mucho más fáciles de explicar y justificar. ¿Está harto de que las calles por donde transita y vive estén llenas de baches y sin suficiente iluminación? ¿No hay suficientes parques o espacios de cultura y recreación, o están en mal estado? ¿Su comunidad está siempre sucia y llena de basura? Pues si no vota por un mejor presidente municipal o jefe delegacional del que hay ahora, seguramente, eso no mejorará.

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¿No le gustó que le subieran los impuestos y quisiera que el salario mínimo se incrementara? ¿Quisiera que realmente se castigue a los corruptos? Definir los impuestos y aprobar las leyes le corresponde a los senadores y diputados. Dejar de votar por un candidato a diputado cuyas propuestas vayan orientadas a eso, o a otras con las que usted simpatice, puede hacer que gane el candidato contrario a sus ideas e intereses.

Llegamos al día de la elección con pronósticos reservados en varios estados y en muchos municipios y distritos por lo parejo que están las preferencias. Sin duda, habrá elecciones que se ganen por menos de 100 votos, por lo que votar o no, claramente, puede hacer la diferencia en muchos lugares y, sobre todo, puede hacer la diferencia entre tener mejores servicios públicos, mejor seguridad, mejores leyes y fortalecer la economía familiar. Además, hay que recordar que los alcaldes y diputados que se elijan hoy, por primera vez en la historia, podrán reelegirse.

Nadie niega los retos que hay que resolver ni las preocupaciones justificadas que hay alrededor de las elecciones, pero entre menos participan los ciudadanos libres, más margen se da a quienes lastiman a México. También es justo decir que hay motivos de esperanza, como los casi 400 candidatos que hicieron públicas sus declaraciones patrimoniales, de impuestos y de intereses; una sociedad civil más exigente que reclama la firma de compromisos concretos a quien se postula, y una contienda que ya no generó miles de toneladas de basura plástica.

Por todo esto, estimado lector, ¡vale la pena votar!


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