Unas palabras para decir: Gracias (a Juan Molinar)

0
126

«Juan Molinar Horcasitas, de cuya honestidad y de cuyo talento no tengo la menor duda»: Carlos Castillo Peraza.

Algunas noches, rayando las 12 en punto le escribía a su correo: “Querido Maestro, te adjunto el texto que acordamos para su revisión y consideraciones”… segundos más tarde me respondía: “Colega, lo tienes de vuelta en 30 minutos”. Antes del plazo propuesto siempre llegaba el texto: “Te lo mando con control de cambios y comentarios para tu consideración, cuando esté terminado, mándaselo al jefe”. Así, tuve la suerte de trabajar durante los últimos tres años con Juan Molinar.

Desde muy pequeño lo conocí, pero la primera vez que lo vi a solas fue cuando fui a pedirle dinero para una campaña en la que yo participaba en la coordinación. Me citó desde la primera llamada, entonces dirigía EPESSA (editorial del PAN) y lo fui a ver a su oficina. Me platicó de mi papá y de cómo llegó al PAN por él, recordamos que en las oficinas que estábamos alguna vez estuvo mi padre y además me dio un cheque; el primero que conseguí para una campaña. Meses más tarde entré a trabajar en la Cámara de Diputados, donde ahora él era subcoordinador de política económica. Entonces no trabajé con él, pero lo tenía muy cerca. Lo vi debatir y defender sus ideas con fuerza y con genialidad.

Su historia en la academia, en la lucha por la democracia, en el gobierno y en la construcción del Pacto por México la han enunciado muchas personas. La historia de un hombre al que no le bastó con encontrar razones sino que pasó de la reflexión a la acción y demostró que México podía ser diferente. Que lo podíamos cambiar y que además era posible desde el gobierno y desde la oposición. Podría ahondar en razones de peso para demostrar que es un personaje que debe ser reconocido en la historia, pero mejor seguiré con un par de anécdotas personales, que son las que duelen y las que vienen a la mente.

-Publicidad-

 

 

  • Su generosidad se puede notar en su forma de calificar mis textos. No era necesario que me los regresara con cambios o que los comentara, de hecho, cuando algo apremiaba demasiado, ni siquiera leía los cambios y simplemente los aceptaba. Hace poco me solicitó revisar un documento a varias manos. De esos que se construyen en foros y al final suele quedar un buen texto, pero que como fue escrito en partes se lee en partes. Después de un par días de trabajarlo lo regresé y le sugerí que antes de publicarlo había que hacer una versión final con todas las partes juntas, para darle uniformidad. Su respuesta fue: “Julius, la idea la trabaja quien la presenta, por favor junta los 6 ejes y corre una revisión total, la espero mañana”… ese día no dormí pero, como siempre, tuvo el documento antes de la media noche del día siguiente.

 

 

  • Lo último que contaré es una anécdota posterior a una preparación de debate que yo encabezaba. Era la sesión final y una de las personas que estaba en la preparación me encaró con un par de temas referentes al Pacto por México. Ya había acabado la chamba y estábamos en cosas posteriores, el jefe ya no estaba. Después de un par de cuestionamientos yo busqué salirme por la tangente porque a mi punto de vista no tenía caso seguir discutiendo porque además de no tener poder decisión yo no tenía “rango” para pelearme con ex gobernadores. Después de algunas razones, el Maestro Molinar levantó la voz y puso en su lugar a quien me discutía. Más tarde comimos juntos y me preguntó por qué no había discutido más fuerte y callado a mi interlocutor y mi respuesta fue “porque hay niveles, y yo vengo en calidad de asesor del patrón, pero él es un ex gobernador”. Su respuesta fue “tienes razón, pero para eso vine yo”.

 

 

Qué solos nos sentimos a veces. Qué solos nos dejan algunas ausencias. En mi historia sólo puedo decir “gracias maestro” y aunque sea por última vez, y por si el jefe llega a leer: “Querido jefe: Te mando el texto que solicitaste. Los detalles finos como siempre fueron la pluma final del Maestro Molinar, para cualquier cosa estoy a tus órdenes”…. Pocas personas en la vida nos dan la posibilidad de equivocarnos y seguir creciendo, para mí, una de ellas fue Juan Molinar.

 

 

Descansa en Paz amigo. Los que realmente te conocimos sabemos de la literatura anglosajona, de los hippies en Inglaterra, del sabor de un prime rib, de un vino tinto, del “barrio de Polanco”, del Maestro de Esgrima de Vargas Llosa y de tanta filosofía política que no cabe en un artículo.


There is no ads to display, Please add some

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí