Un peligro para la democracia

0
442

Artículo publicado el 12-ene-2021

La derrota es políticamente inaceptable para el líder populista porque eso sería sacrificar su narrativa. Si el pueblo está con él, entonces no es posible que pierda en un proceso limpio y el resultado adverso sólo puede explicarse mediante una conjura que haya defraudado la voluntad popular. Para eso echan mano de teorías de la conspiración, desprendidas de su propio discurso: se jactan de ser liberadores enfrentados a oscuros grupos de poder que están dispuestos a cualquier cosa para defender sus ilegítimos intereses particulares.

La historieta es elemental y falsaria, pero efectiva. No es casual que estos meses de rebeldía de Donald Trump resulten tan familiares a los mexicanos que vivimos el conflicto electoral en 2006. La victimización es plataforma privilegiada del populismo para su propaganda mesiánica y nada mejor que dejarla plasmada con una crisis política para que el supuesto agravio no se olvide. Si las escenas de la toma del Capitolio nos recuerdan a las que antecedieron a la toma de posesión de Felipe Calderón es porque buscaban ese mismo propósito.

La similitud del guion de los candidatos que alegaron fraude, antes en México y ahora en Estados Unidos, no sorprende a quienes desde hace años han alertado sobre la multiplicación de gobernantes iliberales que se sirvieron de la institucionalidad democrática para triunfar en las urnas, pero una vez instalados en el cargo se dan a la tarea de desmantelarla con el objetivo de concentrar el poder y permanecer en él. Por eso es que las identidades entre Donald Trump y el presidente Andrés Manuel López Obrador son más relevantes que sus diferencias.

-Publicidad-

Para ambos, nada es más importante que la comunicación. La realidad es prescindible, pero la voz que la interpreta, moldeándola a su visión e intereses, no. Esa, por supuesto, sólo puede ser la suya. De ahí que estigmaticen y encasillen a periodistas y medios de comunicación como opositores, esos que deben ser derrotados y marginados para hacer posible el anunciado renacimiento del país.

La única verdad aceptable es la que brota de su saliva o su teclado, la cual no necesita comprobación. Si alguien sostiene algo distinto se explica por algún interés inconfesable. Descalificar moralmente a quien discrepa es acto reflejo de los autócratas, lo cual nada tiene que ver con el derecho de réplica; si de algo carecen sus “respuestas” es de argumentos y evidencia. El conocimiento les incomoda porque no siempre se presta a la manipulación ideológica y les resulta inadmisible cualquier elemento que ponga en duda las proezas consignadas por su megalomanía, así se trate de la más absurda irrealidad.

Si López Obrador busca que el gobierno absorba las funciones de los órganos autónomos como el Ifetel, la Cofece y el Inai no es por ahorrar, pueril pretexto, sino para acrecentar su control. Quiere que el conjunto del Estado se alinee a sus intereses facciosos y ya no existan otros datos, sólo los suyos, mismos que no necesitan ser verificados porque dudar de él es servir al conservadurismo. No hay mayor incentivo para la corrupción que atenerse a la autovigilancia del gobierno y eso siempre será más caro. Pero si la preocupación fundamental es la percepción ciudadana, es irrelevante que roben mientras no se sepa.

El riesgo para la democracia estadunidense no ha pasado. Donald Trump inoculó la sospecha y desconfianza en buena parte de la sociedad y eso es un peligroso caldo de cultivo. Por fortuna, allá las instituciones resistieron la andanada presidencial y la irrupción al Capitolio está teniendo consecuencias no sólo para quienes participaron directamente, sino también para el instigador, quien hoy se encuentra en retirada, esperando obtener clemencia de un sistema al que todavía aspira destruir para erigirse en poder ilimitado. El supuesto fraude del 2020 será el centro de su campaña para oponerse a Joe Biden y postularse en 2024… si lo dejan.

Los mexicanos conocemos bien esa historia, pero está por verse que en este año de elecciones se ataje la restauración autoritaria en curso. El populismo es un peligro para la democracia que se nutre del resentimiento que crece con la injusticia y la desigualdad. No lo perdamos de vista.


There is no ads to display, Please add some

Deja un comentario