Tráfico y uso de armas en el mundo: algunas notas

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Las leyes callan cuando las armas hablan.
Marco Tulio Cicerón.

 Hace unos días llegó a mis manos un estudio del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS, por sus siglas en inglés), publicado el 30 de julio de 2005 acerca de los asesinatos de “masas” en ese país entre 1999 y 2013. Los autores, William j: Krouse y Daniel J. Richardson, autores del texto, explican con detalle los cambios que el Congreso del vecino del norte ha realizado a la definición de “asesinatos masivos”; proveen estadísticas sobre este fenómeno; y procuran establecer la relación entre homicidios y suicidios cometidos con armas de fuego, entre varios asuntos adicionales.

Krouze y Richardson explican que de acuerdo con la Agencia Federal de Investigación estadunidense (FBI, por sus siglas en inglés) el asesinato masivo significa incidentes de asesinatos múltiples, con cuatro o más víctimas en un solo evento, y en una o más localidades o espacios cercanos. Se incluyen asesinatos por armas de fuego que ocurren en espacios públicos, escuelas, lugares de trabajo, restaurantes, hogares, vecindarios tales como o comunidades.

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El informe del CRS analiza los asesinatos masivos durante 15 años a partir de las bases de datos del FBI. Encuentra que entre 1999 y 2013 ocurrieron 317 eventos en esta materia, con al menos mil 554 víctimas fatales y 471 víctimas que no fallecieron. Todas ellas producto del uso de armas de fuego.

Más, con base en cifras del especialista en criminología Grant Duwe, el CRS compiló datos para los 44 años transcurridos entre 1970 y 2013. Los resultados:

1) Durante los años 70 hubo 1 incidente anual de asesinatos masivos, con un promedio de 5.5 personas asesinadas y 2 heridas por armas de fuego.

2) En la década de 1980 la cifra de incidentes anuales se elevó a 2.2; las víctimas asesinadas a 6.1 y los heridos a 5.3.

3) Durante los años 90 el número promedio de incidentes anuales llegó a 4, con 5.6 asesinatos y 5.5 heridos por incidente.

4) En la primera década del siglo XXI el número anual de incidentes de asesinatos masivos por armas de fuego también alcanzó un promedio anual de 4, pero el número de víctimas fatales se elevó sensiblemente, hasta 6.4, en tanto que se registró un pequeño descenso de heridos por armas de fuego: 4 por año.

5) Entre 2010 y 2013 el número de incidentes de asesinatos masivos por año llegó a 4.5; el número de asesinatos alcanzó la enorme cifra de 7.5 y la de heridos 6.3 por incidente.

El informe del CRS es extenso y no tiene desperdicio. Lo seguiré comentando en próximas colaboraciones. Sin embargo, y dado que en otros textos hablaré de la situación en países industrializados, en vías de desarrollo y en México, dejo a la consideración del lector algunos datos de análisis y reflexión.

Un texto publicado por Alejando Moreno, de principios de 2000, comprueba que Estados Unidos (el país más rico del mundo y sexto lugar en el índice de desarrollo humano) ocupaba en ese año el primer lugar en todas las categorías de violencia por armas de fuego, con una tasa de 13.70 en 1995; tres veces por encima de Canadá, con 4.08 en 1994; y 196 superior a la de Japón, que en 1995 fue de 0.7.

Si se comparan las tasas de muertes y heridos por armas de fuego en países desarrollados con las de países en vías en desarrollo, como Brasil y Colombia, explica Moreno, en 1997 la tasa brasileña fue 400 veces superior a la japonesa; la colombiana estuvo por arriba de 500 veces. Agrega Moreno que la tasa en Brasil es 5.88 veces superior a la estadunidense.

Sobre México hay mucho escrito; lo abordaré en textos subsecuentes. Pero dejo un mínimo indicador: según los registros de la Secretaría de Salud entre 1990 y 2000 tres de cada 100 accidentes mortales se debieron a armas de fuego; en suma, según estadísticas oficiales entre 1990 y 2000 murieron en México 106,735 personas. Esa cifra, señala Alejandro Moreno, es “2.3 veces superior a las 46 mil 370 bajas al servicio de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, que duró 15 años”.

Tenemos que revisar la legislación y, sobre todo, la instrumentación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos. Combatir la corrupción que fomenta el tráfico ilícito de armas, así como la industria de producción y exportación de armamento de países como Estados Unidos, que parecen hacer de la muerte, con cada venta, el negocio de la vida.


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