Retos de la reforma migratoria

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La comunidad latina en Estados Unidos deberá jugar un papel estratégico, si desea mantener vigente la reforma migratoria como uno de los ejes centrales de la campaña presidencial en 2016.

Lo que parecía un asunto público natural a discutirse entre republicanos y demócratas, la dinámica social en recientes semanas obligará al replanteamiento público de los grupos de origen latinoamericano.

Hoy, el desplazamiento del tema migratorio no viene necesariamente de una definición de política exterior, a partir de los planteamientos de seguridad nacional e intereses geopolíticos de Estados Unidos en las distintas regiones del mundo. Hoy, la principal amenaza a que los latinos estén entre las prioridades de la política de ese país, surge del conflicto social interno y a todas luces irresuelto: el racismo.

Los repudiables actos observados contra la población afroamericana, por legítimas y obvias razones, ganan espacios preponderantes en la opinión pública. Primero, fueron los actos agraviantes por parte de policías locales que terminaron en abusos y homicidios por demás cuestionables. Ahí están los ejemplos que van desde el policía de Dallas que maltrata a una niña afroamericana de catorce años, amenazándola con su arma de cargo en el contexto de adolescentes en trajes de baño; hasta la pérdida de la vida de Walter Scott en North Charleston, Michael Brown en Ferguson o Eric Garner en Nueva York.

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Bien dice el presidente Barack Obama que el racismo es parte del ADN de la sociedad estadounidense. Los agravios contra la población afroamericana no se agotan en las instituciones de seguridad locales. El botón de muestra lo concedió Dylann Storm Roof, joven de 21 años que disparó y mató a nueve personas afroamericanas, que celebraban junto con otros una ceremonia en una iglesia en Charleston.

La gravedad de los hechos ha obligado al pronunciamiento del propio presidente Obama y de los principales actores políticos, con lo cual entendiblemente el debate ha trasladado la reforma migratoria a un segundo plano. El mandatario puso sobre la mesa, en los más diversos foros formales e informales, el racismo como variable que ha acompañado la construcción histórica de Estados Unidos, así como la necesidad de emprender esfuerzos adicionales para dejar atrás un fenómeno “de violencia masiva que no sucede en otras naciones avanzadas”.

También, precandidatos presidenciales giraron su discurso de la reforma a los criterios de política en contra del racismo. Incluso hicieron revisión de sus vínculos políticos con personas o asociaciones que potencialmente pudieran alimentar una imagen negativa a sus aspiraciones en 2016. Mientras Hillary Clinton hizo un llamado a la revisión de disparidades raciales en el acceso a programas sociales y oportunidades de empleo; Marco Rubio regresó contribuciones económicas a su campaña, realizadas por donantes con presuntos nexos a organizaciones racistas.

Las comunidades de origen latinoamericano tienen el reto de superar, en la medida de lo posible, sus divergencias políticas y plantear la necesidad de discutir en la arena electoral una reforma migratoria. Al final, subrayo aquí, la falta de actualización del sistema migratorio que reconozca la relevante aportación de la comunidad latina no documentada a la economía estadounidense, es en sí mismo una expresión del exacerbado racismo prevaleciente en la sociedad norteamericana.

Como prueba de ello tenemos las despreciables declaraciones de personajes como Donald Trump o Ann Coulter, asimilando a los mexicanos y su cultura como factor de riesgo para el bienestar de esa nación, que como expuse en mi entrega interior, son consecuentes con la pobre cosmovisión de los sectores más conservadores de la opinión pública estadunidense.

 

El reto de discutir y alcanzar una reforma migratoria íntegra no es menor, si recordamos aquí que la definición sobre los criterios de política pública dependerán de las prioridades que tengan los votantes en aquellos distritos electorales que —en el cálculo de los estrategias y de las casas de campaña— sean clave para asegurar primero el banderín del partido por el que se contiende y, en un momento posterior, los votos necesarios para acceder tanto a la oficina Oval de la Casa Blanca, como a los escaños en contienda en el Congreso de Estados Unidos.


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