Reforma del DF: para el 2018, no para la capital

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La idea no sólo no es mala sino que será inevitable, pero el problema radica en que se trata de una propuesta del actual jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, que eludió un debate social más amplio. Y lo peor radica en el hecho de que las reformas incluidas en nada resuelven los problemas de la ciudad, pero sí la convierten en un botín político.

Ya ahora la reforma es una moneda de cambio en el Congreso: el PRI y el PAN la apoyarían a cambio de que el PRD a su vez vote por alguna ley priista o panista. Los ciudadanos que habitan el Distrito Federal ignoran casi en su totalidad los cambios que contiene la reforma.

Un dato: la redacción de la Constitución será hecha por un congreso constituyente mixto formado por partidos políticos y por ciudadanos designados. Por tanto, el documento será producto de una negociación. Lo ideal hubiera sido encargar el documento a una comisión de juristas de las principales universidades del país. Si la Constitución la redactan los partidos, entonces será un “mamotreto” peor que la Constitución federal que ya nadie entiende por los más de 550 parches.

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Otro problema estará en el cambio de nombre a la capital de la República: el DF pasará a ser Ciudad de México, una caracterización que hace imposible el gentilicio: ¿ciudaddemexiquenses, ciudaddemexicanos? Si ya hay un Estado de México, la Ciudad será de menor jerarquía si al final no hubo el atrevimiento de declarar el Estado 32. El gentilicio distritofederalense era largo pero identificable o resumido en capitalino.

En Posdata de 1970, el ensayista Octavio Paz hace un análisis crítico de la historia. “Hay un hecho que posee una significación particular y en el cual, que yo sepa, nadie ha reparado: la capital ha dado su nombre al país”, la ciudad de México. El nombre de México viene del imperio de México-Tenochtitlan que afianzó el centralismo, luego pasó a ser el Ayuntamiento de México en la colonia española. A finales de 1824 se creó el Distrito Federal por ser la sede de los poderes federales.

Paz recuerda que hay una “regla universal” que “exige distinguir cuidadosamente entre la realidad particular de una ciudad y la realidad plural y más vasta de una nación”, y el asunto se complica cuando las capitales son parte de la dominación centralista sobre la debilidad federal. “Ni siquiera los centralistas castellanos se atrevieron a violar la regla; Madrid, España”. Al final, agrega Paz, el dominio de la palabra México “evocaba la idea de la dominación azteca”, la “realidad terrible de esa dominación”. “Haber llamado al país entero con el nombre de la ciudad de sus opresores es una de las claves de la historia de México”. A ver cómo se acomoda con el debate pendiente: pasar de Estados Unidos Mexicanos a República de México, con dos entidades con el nombre de México.

Al final, la reforma política no ayudará al DF sino que será un trampolín de Mancera para el 2018. Por eso, urge posponer su aprobación y abrir un debate capitalino.


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