El resultado electoral en Estados Unidos, con un Congreso que pasa a manos demócratas según los conteos preliminares, llega en el momento más delicado de la relación comercial con México. El estudio del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, del Senado, ofrece el mapa de posiciones previo a la revisión. Fue publicado en junio, antes de que los hechos lo rebasaran, y esa distancia es el primer dato crítico.
Un consenso que ya no es tal
El documento concluye que ninguno de los tres socios busca abandonar el tratado y que las coincidencias superan a las divergencias. Pero el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, confirmó que su país no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual, mientras México y Canadá respaldaron cada uno una prórroga de 16 años. El tratado sigue vigente hasta 2036, pero se activan las revisiones anuales. Lo que el estudio presentaba como coincidencia general en los sectores productivos resultó ser una asimetría de poder: dos socios piden estabilidad y uno condiciona su aval.
Tres consultas, tres mandatos distintos
El estudio contrasta tres procesos. México consultó a unos 2,900 actores y obtuvo respaldo amplio a la continuidad. Canadá recibió 5,143 propuestas, con énfasis en un mercado libre de aranceles unilaterales y en la diversificación sin desvinculación. Estados Unidos recibió 1,514 comentarios, con apoyo condicionado a una aplicación más estricta del acuerdo.
La cifra más reveladora no es el volumen, sino el sentido. México y Canadá consultaron para defender lo existente. Washington consultó para endurecerlo. Las prioridades que cita el documento lo confirman: contenido regional, trazabilidad de insumos, vigilancia de la triangulación asiática y cumplimiento laboral, ambiental y energético.
La exigencia automotriz: el punto de fricción
Según The Wall Street Journal, citado en el documento, Washington propondría elevar de 75 % a 82 % el contenido regional en autos y exigir que la mitad sea estadounidense. Frente a ello, la industria mexicana pidió mantener el arancel cero, los métodos actuales de origen y el carácter trilateral, sin añadir requisitos de contenido nacional. Son posturas difíciles de conciliar. Además, el propio texto reconoce que electrónica, farmacéutica y manufactura ligera dependen aún de insumos asiáticos, de modo que un endurecimiento abrupto sería, en palabras de los industriales, inviable en el corto plazo.
Cifras que piden cautela
El documento exhibe a México como primer socio comercial de Estados Unidos, con exportaciones de 534,874 millones de dólares en 2025 y un déficit estadounidense que cayó 8 % en el primer bimestre de 2026. Pero también afirma que el desequilibrio comercial de Washington con México creció 144 % en 2025. Ambos datos pueden ser ciertos si miden periodos distintos, y el texto no lo aclara. Esa ambigüedad importa, porque el déficit es el argumento central de la presión estadounidense. Conviene además notar que el propio estudio advierte que se apoyó parcialmente en inteligencia artificial generativa, con verificación de los autores, y que no representa la postura del Senado.
La paradoja del Congreso demócrata
Aquí confluyen el estudio y la coyuntura. Un Congreso opositor puede dar más voz a los temas laborales y ambientales, y reducir el apetito por la ruptura. Pero los aranceles de la Sección 232, que tanto preocupan a la industria siderúrgica mexicana, dependen del Ejecutivo. Según el propio documento, las empresas ya piden eliminarlos o aplicar reciprocidad, y hasta ahora ninguna legislatura ha podido revertirlos. Es probable que los demócratas sean más proclives a defender el tratado, aunque también más exigentes con el mecanismo laboral, que los sectores mexicanos perciben como asimétrico y con presunción de culpabilidad. Es una lectura plausible, no un dato.
Lo que ha ocurrido desde entonces
La negociación bilateral avanza. Se han celebrado tres rondas, la más reciente a finales de julio en Ciudad de México, sobre reglas de origen automotrices, acero y aluminio, seguridad económica y trabajo. Informes de la prensa señalan además que los temas pendientes bajaron de 54 a 14. Un avance real, pero que no ha producido una renovación.
El balance
El escenario más probable no es la ruptura, sino un T-MEC más condicionado y administrado desde Washington. El estudio acierta al hablar de «continuidad con modernización selectiva», pero omite quién define qué se moderniza. Para México, el riesgo ya no es la desaparición del acuerdo, sino la incertidumbre de revisarlo cada año, justo lo que, según analistas citados en el texto, desalienta la inversión a largo plazo.
La pregunta de fondo es si el castigo electoral a Trump debilita su capacidad de presión o solo cambia el tono. Los datos disponibles no permiten asegurarlo.


















