¿Quién carga con la derrota?

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Los resultados electorales del pasado 5 de junio continúan generando ríos de tinta y megas de información, al tratar de contestar la pregunta hacer de las razones por las cuales el PRI perdió varias gubernaturas. También es llamativo a quienes se les endosa este tipo de derrotas, en un contexto político en el cual muchos se quieren colgar la medalla pero pocos reconocen sus errores.

La derrota es huérfana

Como reza conocido refrán, sólo la derrota es huérfana, pues a la victoria le sobran progenitores. Esto es cierto en temas electorales, más con el ejemplo de lo que sucedió el pasado 5 de junio. Panistas y perredistas, por igual, festejan los triunfos de las alianzas en Quintana Roo, Durango y Veracruz, en tanto que los del blanquiazul celebran ganar en Aguascalientes, Chihuahua Tamaulipas y Puebla; los priístas, pese a todo, sonríen por sus resultados en Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala, Hidalgo y Zacatecas.

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         Pocos, por no decir nadie, se hacen cargo de los malos resultados en donde no se obtuvo la victoria en las urnas, en especial en las entidades en donde se retrocedió –en número de votos o posiciones obtenidas en el pasado– respecto a otras votaciones.

         Aquí es donde se hace evidente la poca capacidad de reflexión de los partidos políticos nacionales. El PRI, por citar un ejemplo, fue el que dejo escapar posiciones importantes –como la gubernatura en Veracruz, por ejemplo– y hasta el momento no se ha hecho público si dicho partido está realizando una evaluación para conocer las verdaderas causas de tales resultados, pues además muchos de quienes se dicen analistas tratan de responder a esta inquietud alegando que todo fue culpa de Beltrones o de la iniciativa para permitir, en el ámbito federal, los matrimonios igualitarios.

         Así de simplistas son muchos análisis, pues no consideran que cada entidad puede tener motivaciones y dinámicas distintas al resto del país y cada candidato es percibido de manera diferente al resto de los competidores.

         Por citar un ejemplo, en Aguascalientes el candidato panista, Martín Orozco, es alguien bien conocido y evaluado en la entidad, además de tener mucha influencia al interior del partido. Desde que dejó la presidencia municipal del estado, que tiene el padrón más grande en el ámbito estatal, era señalado como el candidato a vencer en la elección a gobernador. Su rival tricolor, una funcionaria que venía del gabinete federal de un presidente mal evaluado por la ciudadanía, no tenía tantas simpatías, además de que el gobernador Lozano de la Torre fue responsable de que se anulara la elección a diputado federal en el distrito I.

         Es decir, en los pasados comicios se enfrentaron una candidata que traía varios negativos en contra –relación con Peña Nieto, gobernador cuestionado, mala marca para competir, entre otros–, con un abanderado posicionado, conocido y bien evaluado. Considerando estos elementos, el resultado no se ve tan sorprendente, pese a lo cual sectores como el de la iglesia católica quieren hacer creer que la iniciativa propuesta por el Presidente de la República tuvo que ver con el corolario de la votación.

         Ahora bien, ¿quién debe ser señalado como responsable de la derrota en Aguascalientes para el PRI? Hay quien quiere colocar en dicha posición a Manlio Fabio Beltrones, sin mencionar al gobernador, a la candidata y a su equipo, pues la derrota no se dio sola ni es responsabilidad de una sola persona, al igual que un triunfo no se da por un solo factor.

         En el caso del PAN, sus números en la Ciudad de México también pueden ser catalogados como una derrota, pero nadie ha salido a responsabilizarse por esto, mucho menos a explicar que fue lo que paso, pero –eso sí– presumiendo que ahora el Partido gobernará 11 estados, algo nunca antes visto.

         Igual se puede preguntar en el caso de Hidalgo, pues el PAN no pinta en dicha entidad y nadie se ha hecho presente para explicar cómo es posible que en una entidad cercana como Puebla gane la gubernatura sin problema y ahí no levante.

         Así, las elecciones –contrario a lo que se ha querido vender– no arrojan vencedores y derrotados absolutos, sino que los partidos tienen buenos y malos resultados simultáneamente, lo que –al menos en teoría– debería servir para correcciones en futuras oportunidades, algo que no es común ver en nuestro medio político.

         Y es que pese a lo sucedido en las actuales elecciones, el año entrante podríamos estar escribiendo del regreso del tricolor y de la debacle de las alianzas azul-amarrillo, del ascenso imparable de Morena o de su empequeñecimiento, pues si algo es seguro en el escenario político-electoral mexicano es que escasos temas son seguros. Aquí las bolas de cristal suelen fallar con demasiada frecuencia.

Del tintero

Otro tema poco abordado, es el relativo a cómo se adoctrinara a los gobernadores electos que compitieron por las alianzas PAN-PRD como expriístas. Las referencias anteriores no dan mucha esperanza en cuanto a tener gobiernos eficientes o comprometidos con los partidos que los postularon. Nada más cuestión de recordar a personajes como Antonio Echevarría de Nayarit o Mario López Valdés en Sinaloa.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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