Promover la exportación

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Hace 40 años un Secretario de Estado se atrevió a decir un absurdo: «La devaluación del peso no nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario». Por supuesto que el alto funcionario no tenía idea de lo que es la economía a pesar de su importante cargo, porque una devaluación es trascendente porque beneficia a muy pocos y perjudica a la mayoría.

El tipo de cambio de una divisa es una cifra que la determina la oferta y la demanda, influenciada por actos de gobierno, importaciones más altas que exportaciones, errores de cálculo, fechas fatales y rumores insidiosos, entre otras causas. Un gobierno responsable y prudente jamás arriesga la estabilidad económica de su país con sus actos, calcula adecuadamente riesgos en lo que realiza y se cubre para imprevistos. Pero aún las más grandes reservas son insuficientes para impedir una devaluación si se descuidan reglas básicas.

Al igual que en un hogar, la economía nacional sólo funciona bien si los ingresos son más altos que los egresos (gastos e inversiones). Un gobierno que se endeuda, puede poner en riesgo al país cuando tenga que pagar el préstamo. Pero también una economía que importa más de lo que exporta acaba por forzar una devaluación. No hay reservas que alcancen para cubrir déficit de cuenta corriente por muchos años ni para pagos de préstamos que nunca generaron un aumento en las exportaciones.

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Nuestra historia reciente está llena de fracasos económicos; la ambición gubernamental en muchos sexenios desbordó la capacidad de generación de recursos. Por ello, entre 1976 y 1994 el dólar pasó de 12.50 a 7,640 pesos (recordemos que al peso se le quitaron tres ceros). Agrego un dato reciente: la devaluación en lo que va del sexenio es mayor que la de los anteriores 15 años.

Un gobierno prudente no habría vuelto a recurrir a endeudarse, y menos en divisas. Habría promocionado la economía para que aumentara la producción y la exportación en vez de inhibir el crecimiento económico con un ánimo recaudador. Cuidaría la economía nacional y la fomentaría.

Podría haber logrado que las PyMES se multiplicaran y suministraran miles de autopartes que aún se importan y pueden ser hechas en el país. Habría buscado que en la frontera creciera el lado mexicano con medidas de fomento en vez de aumentar el IVA fronterizo que logró que creciera la recaudación, pero también las importaciones.

El Presidente dice que el aumento del dólar dará impulso al turismo y a la economía, y no le falta razón. Pero beneficiará a pocos mientras la gran mayoría sufrirá el repunte de la inflación. Una devaluación beneficia a los que exportan y atienden el mercado turístico, pero encarece insumos al resto del aparato productivo y a la población. Más aún, hace pensar dos veces a cualquier inversionista sobre si lo hará en México o en otro país.

Promovamos la exportación, pero no a través de devaluaciones. Se requiere el apoyo decidido por parte del gobierno y de los industriales.

Necesitamos una ley fiscal promotora, fomentar las PyMES exportadoras y contar con comercializadoras que ayuden a colocar productos mexicanos en todo el mundo.


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