¿Preludio del fin del PRI?

0
321

Por Armando Reyes Vigueras:  Los resultados del pasado 5 de junio, son para muchos la muestra de que el PRI se está colocando en la recta final de su existencia. Perder gubernaturas en las que llevaba gobernando más de 80 años, quedar en cuarto lugar en la votación para la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México además de poseer una imagen tan deteriorada que hace que muchos piensen que se trató de un voto antiPRI, es parte del resumen de la anterior jornada electoral.

Extinción

Para muchos, el PRI es el origen de todos –o casi todos– los males que vivimos. De ser un partido hegemónico en buena parte del siglo pasado, ha pasado a ser un competidor más en la justa electoral e, incluso, un jugador que se ubica lejos del primer lugar como ha sucedido en la Ciudad de México.

-Publicidad-

         Su imagen no es la mejor, pues los tiempos del “partidazo”, la “aplanadora” y términos similares quedaron atrás; ahora, las derrotas se tienen a menudo y entidades en las que presumía de un largo reinado, como en Veracruz, son ahora de la oposición.

         El dato no es menor: la mitad de las gubernaturas del país están en manos de opositores y la perspectiva es que se puede llegar al 2018 con el 50% +1 de los gobiernos estatales en manos de los adversarios lo que complicará mucho el panorama del tricolor en la próxima elección presidencial.

         Esto, para muchos, es música para sus oídos pues las versiones en las que se trata de explicar lo sucedido en la pasada fecha electoral se traducen en centrar todo en el voto antiPRI, en una expresión de una ciudadanía cansada de un instituto político que resume los vicios del sistema político mexicano.

         Los índices de aprobación de Enrique Peña Nieto también entran en la idea que se trató del sufragio de castigo, lo mismo que la imagen de César Duarte, Javier Duarte y Roberto Borge en tres de las entidades en las que perdió el PRI. Algo similar se había delineado en 2015 con la derrota en Nuevo León y las acusaciones en contra de Rodrigo Medina.

         Pero antes de echar las campanas al vuelo, conviene recordar que así como ya en el pasado se había leído el epitafio tricolor, éste puede volver como sucedió luego de la victoria en la elección presidencial de Vicente Fox.

         Existen elementos para pensar que tal vez la extinción del dinosaurio priísta puede retrasarse.

         En primera instancia, tenemos que varios de los candidatos que ganaron son expriístas quienes –siguiendo el modelo Sinaloa, que en estas páginas explicó Carlos Ramírez– pueden retornar al redil tricolor y entregarle el control de varios estados, por lo que hay que estar al pendiente de cómo se desarrollan este tipo de temas en entidades como Quintana Roo.

         En segundo lugar, la estructura territorial en los estados no ha sido anulada, pues a pesar de la derrota el PRI conserva una importante cantidad de votos los cuales, en un escenario de oposición dividida, pueden ser definitivos para ganar la presidencia en 2018.

         Y en tercero, si hay un partido que ha sabido sobreponerse a la adversidad y a la derrota, ese es el PRI. Tras el fracaso en 2000 y en 2006 en la elección presidencial, regresó de la mano de un gobernador que unió a los demás priístas en el objetivo de triunfar en las elecciones de 2012. La historia ya la conocemos y no se puede descartar que la necesidad de sobrevivencia los haga cerrar filas.

         Otro elemento que también puede influir en el destino tricolor, es la división en la oposición. En tanto el PRI se refuerza con otros partidos, presentando alianzas con coloridos y rimbombantes nombres, las demás fuerzas políticas se empeñan en competir con sus candidatos con lo que aseguran su derrota en las urnas. Los ejemplos de esto los tenemos en Tlaxcala y Oaxaca, entidades en los que la suma de los votos de los adversarios al PRI suma más del 50% de las preferencias ciudadanas.

         Si agrega una lista amplia de candidatos independiente, el retiro del PRI del escenario político se postergará más de lo que muchos desean.

         Así, la pelota está en la cancha de la oposición. Veremos si la generosidad gana a la ambición de quererse llevar la mayor tajada del pastel político, pues si se arma una alianza entre PAN, PRD y Morena para 2018 es casi segura la derrota priísta, pero pensar en este escenario implica que quienes buscan la candidatura –Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Moreno Valle, López Obrador, Miguel Ángel Mancera y los que se sumen– serían capaces de ceder para que se forme un frente que ofreciendo una lucha anticorrupción sin cuartel, aproveche esta inercia que se marca en los resultados de los pasados comicios estatales.

         Tal vez sean sueños guajiros, pero de una cosa estamos seguros: si queremos ver al PRI fuera del Poder, los ciudadanos vamos a tener que participar más en política y exigirle a los partidos que en verdad piensen en el futuro y no en sus presupuestos.

Del tintero

En Baja California, el PAN ganó en tres de los cinco municipios de la entidad, incluyendo Tijuana y Mexicali, lo que contrasta con oportunidades anteriores en las que su votación descendía respecto a la elección a gobernador. Sin mucho ruido, el panismo estatal quiere mandar el mensaje que hay blanquiazul para rato en el norte del país.

 

Twitter: @AReyesVigueras


There is no ads to display, Please add some

Deja un comentario