Resulta muy significativo que se haya celebrado en nuestro país el Foro América Libre, que precisamente convoca a defender las libertades en Latinoamérica y el Caribe frente a regímenes autoritarios como Cuba, Venezuela y Nicaragua, donde bien puede incluirse a México que ha seguido el camino pactado en el Foro de Sao Pablo.
Además, coincide el evento con dos acontecimientos relevantes; el primero es la participación de Alejandro Encinas en su carácter de representante del país ante la Organización de Estados Americanos, negándose a nombre de México a apoyar la resolución sobre Nicaragua, documento que pide la celebración de procesos electorales y la libertad de presos políticos en esa Nación.
Al respecto, es pertinente señalar que la OEA, es un organismo creado desde hace décadas y su objetivo precisamente consiste en crear un foro político multilateral en América en aras de construir la paz, seguridad, consolidar la democracia, respeto a los derechos humanos, la cooperación y desarrollo social, económico y crecimiento sostenible en la región.
En ese orden, es incomprensible que un régimen de izquierda como se ubica a la actual administración Morenista se niegue a impulsar procesos democráticos en la zona y, en paralelo, tampoco muestre inclinación en la libertad de los encarcelados por razones políticas, en tanto que hemos durante mucho tiempo manifestado apoyo a favor de los derechos humanos y, por lo visto, esa postura ha cambiado.
Por otra parte, cobra relevancia el proceso electoral brasileño, donde las tendencias en la primera vuelta favorecen a la derecha, donde obtienen una amplia mayoría en el Congreso y gubernaturas, dejando mal parado al presidente Lula Da Silva, que no pudo conservar el apoyo de un electorado que abandona las izquierdas.
Al parecer, el último reducto en Latinoamérica miembro de ese esquema es México, régimen que después de la debacle acontecida en Brasil, se queda en solitario, ante los cambios en Venezuela, Colombia y Argentina, que colocan a la región con tendencias antagónicas a los países del foro de Sao Pablo.
Sobre esas bases, cobra relevancia el foro convocado por la ODCA, dirigido a consolidar libertades y advertir sobre los riesgos que implican las evoluciones de los gobiernos que se dicen de izquierda, al cercenar las instituciones que sostienen las democracias concentrando el poder, eliminando su división e imponiendo un régimen autoritario.
Tales cambios llevan consigo un retroceso en materia de libertades y desde luego, en los derechos humanos, limitando la participación de los ciudadanos en los procesos electorales, en la información pública y en la libertad de expresión y manifestación.
Se trata además de blindar el poder público, dejando sin posibilidad de defensa a quienes sufren las inclemencias de un Estado arbitrario, al transformar las reglas y procedimientos jurisdiccionales favoreciendo a la autoridad negando su acceso al particular.
Ya no digamos los procesos electorales, vía idónea para cambiar un régimen político, donde también han metido mano para obtener indebidas ventajas, la idea de perpetuarse en el poder a costa de lo que sea, también tiene limites que los impone la participación ciudadana.









