Políticos saltando del barco

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La amenaza de renuncia de Benjamín Robles al PRD, al no obtener la candidatura al gobierno de Oaxaca, se une a la de muchos otros políticos que al no conseguir la meta buscada presumen la posibilidad o deciden saltar del barco. Que haya otras fuerzas políticas que los arropen luego de su salida, es una muestra clara de que contamos con políticos que buscan más realizar su proyecto personal que servir al país. En un territorio en el que el ciudadano tiene una memoria corta, este tipo de historias pasa desapercibida, pese a ser una muestra de que lo único profesional que tienen este tipo de personajes que están en pos de una candidatura es que cobran, aunque no atienden más que sus propios intereses.

De partido en partido

La elección del candidato a gobernador en Oaxaca, podría repetir una historia conocida: el aspirante que no logró la nominación renuncia al partido en el que militaba. Tal tema para muchos es sólo una muestra más del anecdotario político nacional, en el que nuestros políticos buscan obtener una nominación con dos o tres opciones disponibles para alcanzar la meta.

En el actual escenario electoral, rumbo a los comicios del 5 de junio, una de las renuncias más llamativas que un aspirante a una candidatura ha presentado en su respectivo partido es la de Carlos Joaquín al PRI en Quintana Roo, además de la posibilidad de Robles en Oaxaca. Tal vez no sean las únicas en esta carrera para los comicios estatales que vendrán, pero tampoco han sido debidamente comentadas y evaluadas en su justa dimensión.

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Si bien es válido que un político manifiesta y trabaje para hacer realidad sus aspiraciones –siempre y cuando sean lícitas–, también es cierto que con una frecuencia mayor a la esperada –en un sistema que presume la sana competencia partidista– se han venido presentando los cambios de militantes con el pretexto de no obtener una candidatura.

En primera instancia, pocos se preguntan acerca del compromiso con el partido en el que militaban, pues muchos de los que renuncian antes presumieron la lealtad a las ideas y trabajo en el instituto político en el que estaban enrolados.

Asimismo, la siempre nula autocrítica permitía que sólo vertieran elogios hacia su partido, defendiéndolo hasta en momentos en que los errores o irregularidades eran evidentes.

Y es que los políticos mexicanos son priístas, panistas, perredistas, verdes o de Morena hasta que no les dan candidaturas, momento en que el partido de sus amores se convierte en una cueva de traidores, una fuerza inútil para el país o un organismo que se alejó de los principios que le dieron vida.

El discurso al momento de la renuncia gira en torno a alguno de los ejes comentados en el párrafo anterior.

Lo curioso para muchos de los que nos dedicamos a observar el desempeño de los partidos y sus integrantes, es que luego de cambiar de barco, estos políticos se convierten en cruzados en contra de los vicios de la fuerza política que dejaron, sin que alguno pregunte porqué luego de décadas de formar parte de la misma, sólo en el momento en que no obtienen una candidatura notan que estaban parados en algo muy parecido a un templo de la perdición.

Su salida se convierte en un evento muy publicitado y desde ese momento inicia una nueva campaña para alcanzar, como premio, la candidatura en otro partido, el cual hará de lado –muy probablemente– a sus propios militantes para acoger al nuevo prospecto con toda su popularidad, obtenida por su renuncia.

Quizá se gane la elección, tal vez no; posiblemente el exmilitante se integre a su nuevo partido, quizá se mantenga independiente; tal vez regrese a su partido, o se aleja par siempre de la política. Uno nunca sabe cómo terminarán estas istorias, pero lo único seguro es que seguirán en tanto haya partidos dispuestos a postular al mejor prospecto que el pragmatismo les indique.

La formación de cuadros, la coherencia ideológica, el respeto a los principios, la vocación por el servicio público, la disciplina o la lealtad son palabras que sirven para los discursos, no para la realidad en la que –parafraseando a nuestro Himno Nacional– un candidato en cada hijo nos dio.

Los electores, por su parte, siguen cayendo en el juego que dice que al renunciar a un partido, en automático el neomilitante se convierte en un político depurado, en la mejor opción para el cargo a elegir, sin pensar que su verdadera motivación no es el cambio o la solución de los problemas, sino continuar su carrera, pues por algo son políticos profesionales, sí, de esos que cobran para seguir con su carrera.

¿Cuántas historias más como estas veremos en las campañas que iniciarán pronto?

Del tintero

En el primer día de marzo, celebramos el día contra la discriminación, una práctica que demuestra lo negativo que podemos ser los seres humanos por alguna diferencia. Es en este ámbito en el que muchos se han especializado, pese a los resultados obtenidos.

También se festeja –pues ya ven que de todo hay en la viña del señor– el día del albur, esa mexicanísima costumbre de decir todo en un doble sentido, lo que dará pie –entre otras cosas– a que muchos se expresen por este motivo en redes sociales, para lucir su amplio repertorio al respecto.

Twitter: @AReyesVigueras


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