En el Penalti más cantado del torneo, la presidenta Sheinbaum evita confirmar su presencia en los Fan Fest del Mundial. No es para menos: en el Zócalo la CNTE instaló campamento permanente y ella prefiere no arriesgarse a una rechifla monumental, como las que ya ha cosechado en varias giras estatales. Mejor quedarse en la banca.
Tirititito de primera. Los dueños de los palcos vip del Estadio Azteca, que pagaron fortunas por sus contratos, descubrieron que la FIFA manda más que cualquier acuerdo. Ahora tienen prohibido meter sus propios alimentos o bebidas. Si quieren hidratarse o comer algo decente, deberán pagar entre 50 y 75 mil pesos dentro del inmueble. Todo sea por el “espectáculo”.
En Fuera de Lugar se encuentra la realidad de millones de mexicanos que se quedarán viendo el Mundial desde la grada barata de sus casas. Los boletos están por las nubes, las restricciones de la FIFA obligan hasta a los restaurantes a pagar por transmitir los partidos en sus pantallas, y las playeras de la Selección parecen cotizar como acciones de bolsa. Un evento que debía unir al país se convirtió en un negocio multimillonario administrado con mano de hierro.
¿Quién dice que la política y el fútbol no se llevan? Porque al igual que en el fútbol, en la política mexicana todo se hace con las patas.
Y en Tiempo Extra anda el gobierno federal, desesperado por evitar que las protestas de la CNTE, madres buscadoras, transportistas, campesinos y jubilados empañen la inauguración. Mientras tanto, la prensa internacional ya documenta las movilizaciones que se preparan. La patada viene en camino.
Al cierre, un dato del terreno: la Selección Mexicana disputará su séptimo Mundial consecutivo como local en 2026, compartiendo sede con Estados Unidos y Canadá en una edición histórica de 48 equipos. Veremos si en la cancha rinden más que algunos en el banquillo político.



























