Partidos vs independientes

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¿Cómo es posible que sostengan que los partidos sirven como filtros para impedir que esos «intereses oscuros» se cuelen en la política?

Una vez más mi capacidad de asombro se ha visto rebasada por la torpe reacción de los partidos políticos -particularmente del PRI- ante la exitosa incursión de los candidatos independientes en el escenario político-electoral de nuestro país que, como quedó demostrado el pasado 7 de junio, en muy poco tiempo se han convertido en una alternativa real para la ciudadanía.

Aun cuando el análisis realizado por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados (CESOP) arroja que el 73% de los 118 candidatos independientes que contendieron en los comicios de este año estuvieron por debajo de los 10 puntos porcentuales de la votación, los triunfos contra todo pronóstico en Nuevo León, los municipios de García, Morelia y Comonfort así como en un distrito federal de Sinaloa y en otro local de Jalisco bastaron para cimbrar al establishment y justo de eso se trata, de ir rompiendo con el monopolio partidista y oxigenar la política abriendo nuevos cauces de participación.

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No es de extrañar que en el mejor de los casos los miembros de la clase política los vean con recelo, o más probable como una amenaza a sus intereses después de las derrotas que les infringieron, pero no se entiende que en vez de ocuparse en diseñar una agenda más cercana a las demandas ciudadanas, actualizar su discurso, renovar sus cuadros etcétera, sigan empeñados en poner más trabas a las candidaturas independientes como sí con ello resolvieran su grave déficit de credibilidad y el creciente rechazo de amplios sectores de la sociedad.

De por sí ya con los actuales requisitos que impone la legislación, constituye todo un reto participar por la vía independiente, pues no es nada fácil enfrentarse a las maquinarias de los partidos -y muchas veces también de los gobiernos- en condiciones de tal inequidad, por lo que resulta hasta oprobioso que cuando menos en tres estados (Chihuahua, Veracruz y Tamaulipas) los diputados del Partido Revolucionario Institucional impulsen reformas para restringir aún más ésta que fue una importante conquista ciudadana.

No pretendo atribuirle a las candidaturas independientes todas las virtudes, y de hecho estoy de acuerdo en que se debe revisar el marco regulatorio sobre todo en lo relativo origen de los recursos para disminuir algunos riesgos, pero las declaraciones de los senadores David Penchyna y Omar Fayad en el sentido de que pueden ser utilizadas por intereses oscuros o grupos de poder económico para controlar las decisiones gubernamentales me parecen de un gran cinismo. 

¿Cómo es posible que sostengan que los partidos sirven como filtros para impedir que esos «intereses oscuros» se cuelen en la política después de lo sucedido recientemente tan solo en Iguala o Michoacán, por no citar decenas de ejemplos de clara influencia de los llamados poderes fácticos en la toma de decisiones?

Se equivocan de nuevo si piensan que con la descalificación y las acciones que han emprendido van a poder cancelar esta vía alterna de participación política,  lo único que van a lograr es que la distancia con la ciudadanía sea mayor y las consecuencias de ello las verán también el  próximo año.  Es el precio de seguir sin entender.


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